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Cali

Voces y murmullos en torno al medio ambiente en Cali

El tema del medio ambiente toma visos de complejidad en la medida en que somos conscientes de la diversidad de actores que constituyen su realidad en la ciudad. Complejidad expresada en las formas de percibir, vivenciar y proyectar una problemática omnipresente y sobre la cual, por simple lógica, todos tenemos algo que sentir. No es un asunto de poca importancia por cuanto la no unidad de criterios y apreciaciones agudizan la construcción de propuestas colectivas, participativas y por sobre todo producto de un ejercicio de acuerdos. Dos dimensiones de un mismo asunto: el medio ambiente como discurso y el medio ambiente como realidad inocultable. Veamos.

Pensemos primero en quien ha hecho de él su objeto de estudio. Es la expresión teórico-conceptual del problema. Generadora de análisis, estudios, proyectos y tesis que a su vez producen el discurso que de manera sostenida viene enriqueciendo una ya abundante bibliografía medio ambiental. Las Instituciones Educativas constituyen  el más distinguido exponente de este ejercicio. Destacable papel al que sin embargo se le reclama desbordar las fronteras institucionales y propiciar encuentros más abiertos y participativos para que podamos hablar en el mediano plazo de una sólida población educada ambientalmente.

Otro actor lo representa la cada vez más creciente comunidad de ambientalistas, como ellos se hacen llamar y que no son otros que aquellos individuos que de manera individual o haciendo parte de movimientos promueven la conciencia ambiental.  A esta categoría pertenece una variada población de actores: líderes comunitarios que a voluntad se apersonan de la causa y no con poco esfuerzo logran ser escuchados y en ocasiones, incluso, promueven movilizaciones en pro del cuidado del medio ambiente de territorios de vida común. También pertenece a esta gran comunidad de ambientalistas personas que representan, como si se tratase de una franquicia de negocios, intereses de cobertura global. Su trabajo, por tanto, no se centra en problemáticas lugareñas o vecinales, sino en espacios distantes geográficamente de su domicilio a los cuales acceden a través de financiación externa casi siempre proveniente de entidades internacionales.

Entre el líder comunitario y el ambientalista de rasgos globales  encontramos otras muchas expresiones algunas de las cuales obran a título personal y su influencia se reduce a un grupo de amigos con quienes de cuando en cuando diseñan y llevan a cabo acciones en favor de una determinada causa de carácter ambientalista.  Al margen de sus bien reconocidos logros persiste la sensación de que su voz y acción debe ampliar los horizontes de integración con la comunidad directa y sobretodo indirectamente afectada por las malas prácticas ambientales. Es decir, su presencia in situ es consecuente y valiosa, pero que al igual que la comunidad que piensa y teoriza sobre el particular, debe reforzar sus mecanismos de interlocución para que trascienda una presencialidad que en ocasiones tiene visos de oportunismo.

Mención especial tiene la autoridad ambiental de la ciudad. Instancia que para Cali tiene la estructura de un sistema autónomo que opera de manera desconcentrada de la administración municipal, lo que en teoría le proporciona un mayor grado de flexibilidad en su accionar. Sin embargo, el Dagma, opera bajo los lineamientos que establece la legislación ambiental del país, lo que le proporciona un marco de referencia a sus acciones y por lo tanto puede limitar en algunos aspectos su bien pensado proceder. Es una voz fuerte por cuanto representa la institucionalidad ambiental, sin embargo lo que en algunos espacios es una voz altisonante en otras no pasa de ser un susurro en tanto su presencia todavía aparece limitada.

La población en general. En primer lugar consideramos el segmento de la población que convive en contacto directo con los territorios donde tienen origen los servicios ambientales, configurando el eco-sistema de la ciudad del cual depende en gran medida nuestra calidad de vida. Un caso llama especial atención: el manejo de las cuencas hidrográficas ubicadas en territorio rural de la ciudad.  Estos habitantes rurales son protagonistas de marcada importancia en el mapeo de actores. Aun reconociendo la dimensión de su presencia, sus acciones han estado invisibilizadas producto, a lo mejor, del cruce de intereses ajenos a su territorio.

El otro segmento de la población lo representamos todos aquellos beneficiarios de los servicios ambientales que co-habitamos el territorio urbano de la ciudad. Somos otro actor que suma en este intrincado mapa. Para el caso cumplimos un rol pasivo, pues nos limitamos a ser beneficiarios de los servicios, pero desconocemos cómo se tejen las complejas relaciones en torno a la problemática ambiental de la ciudad. De conocerla seguro variaría sustancialmente nuestra valoración no solo del recurso como tal, sino de los agentes que hacen posible que nuestra calidad de vida no se vea alterada por la falta de aquellos. De ahí la imperiosa necesidad de ampliar los horizontes de una pedagogía ambiental que llegue a todos los niveles socio-económicos y culturales de la ciudad.

Se requiere que, sin perder la identidad, haya una sola voz que nos permita tener un horizonte medio ambiental concertado, de calidad y sostenible para todos.

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