ESPACIO PARA PUBLICIDAD 360
Crónica

Venezuela: de la abundancia de petróleo a la crisis del hambre

Después de haber hecho una fila de cuatro horas a las afueras de un supermercado para poder comprar dos kilos de arroz y dos de harina, José Luis Méndez, de 68 años, llega finalmente a la entrada y es informado de que se acabaron los productos regulados (aquellos de primera necesidad que escasean y restringen la cantidad de su compra) por los que una multitud hizo fila.

Sin consuelo, se sienta en la cera y se le salen las lágrimas. Le dice a los guardias encargados de mantener el orden de la fila que no tiene comida para darle a sus nietos. Nadie dice nada. Las autoridades enmudecen.

José Luis es un venezolano que nunca creyó que, en un país inundado de petróleo, con las reservas más grande que ningún otro, no pudiera comprarse un kilo de arroz. Pero tampoco poder conseguir medicinas, pañales, condones o pastillas anticonceptivas.

Aunque muchas personas no crean que un país tan rico en petróleo y un lugar al que muchos iban a montar su empresa y a construir un futuro mejor, hoy en día no se consiga ni siquiera papel higiénico en los estantes de supermercados, es así, lamentablemente.

Un país que hace unos años tenía todo lo necesario para ser un país en potencia, hoy atraviesa una crisis que se cuenta y no se cree. Pero, y es que ¿cómo no va a estar en crisis con el gobierno dictatorial que tiene?

Y aunque ‘los poderosos’ quieran hacer pensar que todo está bien, el sol no se puede tapar con un dedo. La escasez de medicinas, shampoo, desodorante, afeitadoras, toallas sanitarias, jabón de todo tipo, aceite, harina, leche para los bebes, atún, azúcar, salsa de tomate, mayonesa y entre muchos otros productos básicos y de primera necesidad no se puede ocultar.

Las personas como José Luis, que viven de una pensión o de un sueldo mínimo, son esas mismas personas que tienen que hacer las filas desde la noche anterior para poder adquirir -aunque sin seguridad alguna- algún producto regulado.

Al otro lado de la historia están las personas que tienen la ‘fortuna’ de poder comprar los productos ‘bachaqueados’, es decir, en el mercado paralelo. Por debajo de cuerda estas personas que quizás estén más estables económicamente adquieren los productos básicos pagando hasta 10 y 15 veces más caros que los precios “justos” del gobierno.

Y esta es sencillamente la razón por la que una persona que viva de un sueldo mínimo no puede comprar productos ‘bachaqueados’, porque solamente contando con los precios justos, la canasta básica es de 502.881,34 bolívares fuertes, comparado con el sueldo mínimo que es de 65.056,050 bolívares fuertes, aproximadamente lo que pueden costar un par de zapatos. No, los valores no están erróneos, la inflación en Venezuela está elevada a un 700%, por esa razón es que hoy en día comerse una manzana y almorzar caraotas con arroz se ha convertido en un lujo para los venezolanos.

“Ahora comemos lo que el Gobierno decide poner en los anaqueles”, cuenta Mabel Quintero, una empresaria administrativa que gana más del sueldo mínimo, pero esto no es una razón para que no le afecte la escasez y la inflación. También hay algo inaudito que se tiene que saber, y es que los funcionarios del gobierno no tienen que sufrir la restricción de los productos básicos ya que pueden adquirir la cantidad que quieran de cada uno de estos sin necesidad de hacer una larga fila afuera de los supermercados con un tiempo indefinido.

Miriam Baeza, una señora de 67 años, cuenta su experiencia cuando un fin de semana fue al abasto recóndito al que siempre va porque suele conseguir algunos productos escaseados, en la puerta del abasto se encontró con un cartel que decía los días de la semana que podía comprar según el numero en el que termina su cédula de identidad, a Miriam le tocó devolverse por donde llegó. Su número de cédula le permitía comprar los productos básicos el día miércoles.

¿Quién iba a pensar que la muerte del presidente Chávez iba a traer tantas consecuencias a Venezuela? Incluso cuando él mismo ya la tenía dividida en dos por el odio que sembraba hacia los que estaban en su contra.

Antes de morir, deja encargado a la presidencia a Nicolas Maduro, un ex chofer de autobús que se ha encargado de que Venezuela se convierta en el país de la crisis del hambre. Así lo muestran las noticias en otros países. En Venezuela, el gobierno tiene prohibido mostrar la realidad del país a través de la televisión, por esta razón los venezolanos se han convertido en una clase de reporteros de la escasez, las largas filas y la violencia a través de las redes sociales. Es la única vía por la que pueden mostrarle al mundo la crisis que están atravesando.

“Tengo que calarme esta fila con mi bebe en los brazos para poder comprarle leche porque si no tengo una prueba de que tengo un hijo, no me la venden. Y si no puedo traer a mi bebe, entonces me piden su partida de nacimiento” cuenta Daniela Barrancas, joven de 23 años, cansada de que tenga que exponer a su hijo de 1 año a las largas filas para adquirir un solo producto y que tampoco pueda conseguir comprar pañales como en un país normal.

Esta situación ha hecho que millones de venezolanos salgan a protestar a las calles, a exigir una vida digna. Salen a pedir justicia por sus parientes quienes han sido víctimas del hampa. Toman las calles de Venezuela para demostrar la desesperación de no conseguir comida en los anaqueles de los supermercados,

de no conseguir cauchos para sus carros. Desesperados porque el dinero en Venezuela cada día rinde menos y se devalúa más. Pero así, como salen millones de personas a marchar en protesta porque están hartos de la crisis, también salen los ‘tupamaros’ en sus motos a amedrentarlos. Estos, son una banda de delincuentes que trabajan para el gobierno y que se encargan de que los ciudadanos cada vez tengan más miedo de salir a reclamar sus derechos a las calles.

En una fila larga y creciente, aburrida, incomoda y sobre todas las cosas, indignante, se escuchan gritos diciendo ¡Llegó pollo!, una simple frase que causa euforia a todos en la fila. El poder comprar dos pollos hace que las personas se olviden de que también les hace falta detergente, papel, desodorante, azúcar y café.

El inapropiado conductor que dice gobernar a Venezuela ha hecho que cientos de familias solo puedan comer dos veces al día. Se ha encargado de que miles de venezolanos, entre ellos muchos profesionales se vean obligados a emigrar de su país para conseguir calidad de vida en otro.

Venezuela, un país que con un gobierno diferente tendría tantas cosas buenas que ofrecer a sus ciudadanos. En ese mismo país, hoy en día no se vive, se sobrevive.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Click para comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir a Top