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Crónica

Un sueño llamado Kung Fu Shaolín

A 15.686,29 km de distancia del templo Shaolín, ubicado en la provincia de Henan (China), bajo el nombre espiritual de Shi Heng Huí, Mauricio Méndez, un caleño que vive día a día la pasión por las artes marciales, tiene el objetivo de enseñar kung Fu Shaolín.

Sobre la concurrida Avenida Pasoancho, con carrera 39, marcan las 6:30 p.m. y el entrenamiento comienza. Los estudiantes forman líneas de cuatro, individuos frente Shifu (maestro) Mauricio por orden de rango, luego juntando las piernas y las palmas de las manos. Los discípulos hacen una reverencia saludando a Shifu diciendo fuertemente ‘Amitoufo’ (saludo).  A partir de ahí, Mauricio comienza a transmitir su amplio conocimiento en la cultura Kung Fu Shaolín.

Siendo un niño de 4 años, inicia en las artes marciales impulsado por su padre, en el hapkido (arte marcial coreano). Paralelo a los entrenamientos, en los años ochenta, aquel niño observa con atención y admiración las técnicas de combate del gran Bruce Lee y de los monjes en las películas chinas del templo Shaolín.

Estas cintas lo impulsaron a mirar más allá del hapkido y buscar su propio camino hacia el mundo del kung fu, aunque para llegar a la línea auténtica del shaolín  tuvo que recorrer un camino largo y lleno de obstáculos.

Siendo un adolescente, en el afán de aprender shaolín, Mauricio entra a una escuela que decía enseñar esta práctica milenaria, pero a través de un proceso de investigación, se dio cuenta que las enseñanzas que esta escuela impartía no eran lo que él pensaba, nada de lo que en ese lugar decían tenía que ver con china ni con el templo, entonces decide retirarse de ese lugar e insiste en seguir en la búsqueda de un verdadero estudio del Shaolín.

Como persona, Mauricio es alguien que le gusta impartir conocimiento, ayudar y apoyar a los demás. Por esta razón un grupo de estudiantes de la escuela donde estuvo, quienes querían seguir entrenando, lo contactaron y en ellos surge la propuesta de formar un club, de esta manera comienza la configuración de su propia escuela.

Mientras entrenaba con estos jóvenes la búsqueda continuaba, hasta que en ese gran mundo plagado de anuncios, blogs y más de mil millones de sitios web sale a la vista una luz de esperanza. Mauricio logra encontrar un lugar en donde se enseñaba la verdadera disciplina Shaolín, a muchos kilómetros de distancia, en Buenos Aires (Argentina).

A pesar de la falta de recursos económicos, con esfuerzo y en especial con muchas ganas de realizar sus estudios en el kung fu, Mauricio logra viajar a Argentina y de la mano del Maestro Carlos Alemán comienza a emprender su camino en el verdadero Shaolín. Viajó durante 5 años consecutivos recibe su título como maestro (shifu) internacional.

La escuela de Mauricio logra vincularse al grupo del maestro Carlos y quedar bajo su abrigo con el nombre de Fei Bao Shuein (puño de leopardo alado) porque todas las escuelas de Latinoamérica que pertenecían a argentina trabajaban bajo ese mismo nombre.

Por otro lado, aunque pasaron épocas en las que solo tres jóvenes (a veces dos, a veces uno) acudían a entrenar, Shifu Mauricio nunca pensó en dejar de enseñar, ni en acabar su escuela.

Ni siquiera el año 2013, cuando un día, en una charla con su maestro, éste le informa que ese símbolo del leopardo alado que lucían con tanto orgullo, por el cual trabajó tan duro y se esforzó para que sus discípulos se apropiaran de él, ya no existía. En ese instante Shifu cayó en cuenta que era el último que llevaba en lo alto ese nombre.

Pero él jamás se dio a la derrota, tocando puertas y hablando con amigos extranjeros que conocía en el mundo del shaolín, en el año 2014 se concreta la vinculación de la escuela a la asociación internacional de Shaolín Chan en Suramérica y así la escuela cambia de nombre, donde Mauricio decidió llamarla  Escuela del Templo Shaolin Dawo Wu.

Aquí se inicia una nueva fase y reconstrucción en el programa de la escuela, en este proceso, ya el maestro directo de Mauricio pasa a ser Shi De Yang (maestro originario del templo shaolín de China, de los más reconocidos mundialmente en estos momentos, ha participado en innumerables eventos y capacitaciones en todo el mundo).

Shifu Mauricio es ejemplo de disciplina y perseverancia, porque no es fácil tener un sueño de estos, ponerlo a andar y hacerlo realidad pese a las dificultades económicas, sociales y familiares que aunque sean pruebas bastante difíciles de superar deben dar fortaleza para seguir adelante y pensar en objetivos grandes.

Mauricio siempre quiso shaolín pero nunca imaginó ser estudiante de uno de los maestros más importantes del mundo, lo logró por esa constancia que le ha ayudado a seguir adelante, a entender que  lo más importante no es llegar al objetivo sino mantenerse y a pesar de que lleva 32 años en la práctica hay mucho por seguir aprendiendo y explorando, justamente eso es lo interesante de la aventura de vivir y de soñar, que siempre hay mucho más para seguir creciendo.

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