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Reportaje

Un mal olor se ventila en calles del barrio Gaitán

Cuando las personas duermen, muy a las 3:00 de la mañana es el amanecer de los habitantes que se ven afectados por el ruido de las descargas de alimentos y los malos olores que interrumpen el sueño de los moradores.

En la cuadra de la carrera 1d con calle 72 del barrio Jorge Eliécer Gaitán se encuentran las instalaciones del supermercado La Gran Colombia, donde se percibe la pestilencia que viene de la descarga de camiones con diferentes alimentos perecederos entre ellos carnes, como la de cerdo, res, pollo, entre otras.

Es una calle donde los vehículos no pueden transitar, así que se presta para vendedores ambulantes, desembarque de mercancías, acumulación de basura y contaminación auditiva.

Aparte de los malos olores, resaltan los charcos de lixiviados al pasar, sustancia que resulta del proceso de derrame y descomposición de los residuos y las basuras que circulan por los andenes, las cuales causan mal aspecto en el barrio.

“Es algo desagradable transitar por esta cuadra, uno no puede ni respirar bien, todos los días camino por aquí para coger mi transporte, y cada que voy a pasar me preparo para lo que viene, el pésimo olor”, aclaró Jennifer Jaramillo, habitante del sector.

Esta problemática viene sucediendo desde hace varios años, como lo afirma Braslly Lizeth Portillo quien vive en frente del supermercado. “Tengo 20 años y toda mi vida he sufrido con los malos olores y la bulla que ocasionan las descargas de alimentos. Estos camiones llegan a las 4:00 de la madrugada y nos despiertan con la bulla, ya me acostumbré”.

Con desesperación y sin saber qué hacer, las personas que viven por esta cuadra desconocen a quién dirigirse para solucionar el problema; además, está la falta de pertenencia y cultura de las personas, tanto del supermercado y la quesera como de los mismos habitantes.

En los alrededores también se desempeñan los vendedores ambulantes y los emprendedores con sus negocios honrados, con buena cara y buscando la mejor comodidad para los clientes. Entre esos está Guillermo León, dueño de Mi Esquinita.

“Nos toca tener buena higiene, pero no colaboran ni los vecinos ni el supermercado, las cañerías mantienen tapadas por la basura, soy uno de los que deposita la basura con los de La Gran Colombia o directamente al camión de la basura, los malos olores llegan a mi puesto de comidas y es muy desagradable tanto para mí como para mis clientes, falta educación e higiene, pero lamentablemente es el supermercado que nos queda más cerca”.

Tanto clientes como transeúntes que frecuentan el barrio por la carrera 1d con 72, enfrente del autoservicio, se muestran disgustados por el hedor que frecuenta el ambiente.

“Es un daño para el medioambiente porque no  hacen el mantenimiento adecuado para quitar esas pestilencias de ahí, porque hasta mi puesto de trabajo llega la peste, deberían de tener más organización y mejor administración, porque ese olor es horrible, además son alimentos que uno consume”, afirma Luz Marina Calderón, una chancera habitual en esa esquina.

De acuerdo con las competencias de la Alcaldía, los establecimientos comerciales deben acatar ciertos requisitos. “Cumplir con todas las normas referentes al uso del suelo, intensidad auditiva, horario, ubicación y destinación expedida por la autoridad competente del respectivo municipio”, según norma de inspección, vigilancia y control sanitario fijada por la Ley 232 de 1995 en su Artículo 1.

Es evidente que la ley en mención no la respetan como se debe, pues deben dejar la calle limpia y los residuos en sus respectivos botes de basura, igual que lo ordena la Ley 9 de 1979, que “reglamenta las actividades y competencias de salud pública para asegurar el bienestar de la población”, pero al incumplirlas, la salud de los habitantes de esta cuadra se ve afectada, dado que estos mandatos ordenan que se respeten las condiciones de vida de la comunidad.

“Vivo a mitad de cuadra de La Gran Colombia por donde llegan los camiones para bajar los alimentos; los olores que son totalmente desagradables, afectan el bienestar y la salud de las personas; falta mejor aseo, aparte que afecta mi bienestar, también el de mis vecinos y la población cercana”, mencionó Daniela Vera, una habitante del barrio.

Carlos Ruiz, un taxista al que día a día se le hace difícil sacar su carro a cualquier hora, porque los camiones de descargas no se lo permiten, dado que no dejan espacio para transitar, también levantó su voz.

“Nosotros como propietarios de las viviendas de esta cuadra  merecemos una entrada libre, en las horas de la mañana nos tapan la entrada, es muy difícil salir a pie, en carro o moto”, declaró Ruiz.

Frente al cúmulo de quejas, John Díaz, operario de la bodega del supermercado respondió: “Nuestro deber como trabajadores es tener todo en orden, pero a veces no nos alcanza el tiempo para limpiar el reguero que dejan los camiones, nos ocupamos en distribuir y organizar los alimentos. Generalmente limpiamos”, señala.

Cada día para estas personas que habitan cerca de este establecimiento se convierte en una pesadilla: malos olores, movilidad, contaminación auditiva perjudican su salud y bienestar.

Sin embargo, para Jairo Humberto Agudelo la historia del día a día es diferente; él se encuentra ubicado en la esquina del frente del supermercado en una tienda de estampados. “Los malos olores no me afectan, hasta acá no me llegan, lo que sí me afecta son los camiones tan grandes  porque no puedo poner un techo para la sombra, ya  me los han tumbado dos veces”.

La incomodidad y afectación por los malos olores y el ruido alcanza a quienes en apariencia no tendría por qué. En la carrera 1E con 72 no llega la pestilencia, ya que queda más retirado del establecimiento.

“Cuando paso por ahí para entrar a mi cuadra, camino lo más rápido posible para no respirar esa pestilencia”, indica Vanessa Rivera. Es cuando la peste deja mal visto al barrio puesto que es una calle muy transitada, en vez de atraer clientes, los espanta.

A los habitantes de la cuadra les toca maniobrar con los baldes de agua para acabar con los malos olores, porque, como dicen, al supermercado le falta más sentido de pertenencia para limpiar constantemente.

Entonces, mientras unos se deciden si limpian o no, Wílliam Portillo García saca su balde de agua con jabón y limpia la sangre de las carnes que descargan.

“Vivo en frente del supermercado y para salir de la cuadra con el carro es un problema, las moscas y el lixiviado, en el día nos toca dejar la puerta cerrada y da pena con las visitas porque eso las incómoda”.

Con este dilema, la gente que se ubica más cerca de la bodega es propensa a enfermarse o tener más adelante problemas de salud. De paso, se contraríe o incumple el Artículo 41 de la Constitución Nacional: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para las actividades productivas”.

Ante las constantes y numerosas quejas, Harold Perlaza, administrador del  supermercado La Gran Colombia, solo se limitó a contestar en forma lacónica que las bodegas mantienen limpias. “Los camiones no tapan el tránsito de la cuadra, esta es cerrada, por lo tanto no deberían de dejar carros parqueados dentro”.

A lo que se refiere Perlaza es que la calle se encuentra cerrada por cinco árboles grandes en la mitad, lo que no permite movilizar, pero los camiones tampoco dejan parquear los autos y motos de los propietarios de las viviendas.

Empero, el inconveniente permanece escondido detrás de las personas que les da temor hablar, ante lo que digan los dueños del supermercado y la quesera, porque durante años se han aguantado ese problema, nada digno para nadie.

La solución que se espera a corto plazo por parte de los residentes de esta cuadra es el cumplimiento respectivo de los derechos de los ciudadanos.

Una entrada libre, un ambiente y vida sanos es el sueño de cada uno de los residentes, acabar con la pesadilla que empieza a la madrugada y se repite cada noche en el popular barrio caleño del nororiente de la ciudad.

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