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Crónica

Tribunal Popular en Siloé quiere buscar la verdad para sus víctimas

Por Paula Naranjo

Violento, inseguro, peligroso, pobre, abandonado. Son adjetivos que aún se escuchan al describir a Siloé. Lo que muchos no sabíamos es que este barrio de más de 100 años de historia  respira cultura, ‘ambiente’, unión, amor. Y que después del paro nos dejó, además, una lección de valor y resiliencia.

Al recorrer sus calles en mi infaltable motocicleta, tipo 6:30 de la tarde, vi gente ‘parchada’, gente en sus locales, muchos llegaban de trabajar, mientras otros regresaban de sus escuelas y universidades. Personas que se pueden encontrar en cualquier punto de la ciudad. Recordé que, en el oriente de Cali, donde nací, también hemos sido víctimas de la estigmatización y marginalidad.

Pero volvamos a Siloé, porque tienen mucho que decir, mucho que contar sobre lo que ocurrió el pasado 3 de mayo de 2021, luego del estallido social del 28 de abril, que recientemente cumplió un año. Junto con David Gómez, un reconocido líder del barrio, recordamos los momentos de terror que se vivieron en este punto de la ‘Ciudad de la resistencia’.

“Lo que sucedió el 3 de mayo fue una catástrofe, fue una masacre. Ninguna de las víctimas estaba en la confrontación. Simplemente estaban observando una velatón por la muerte de Nicolás Guerrero. La estrategia era crear caos para desprestigiar el paro nacional”. Así lo detalló David con minuciosidad, sentado entre los vestigios que utiliza para rememorar.

Luego de una recopilación de al menos 200 productos audiovisuales y diferentes testimonios examinados por el ‘Evidence Lab del Programa de Respuesta a las Crisis’, así como también testimonios detallados, Amnistía Internacional concluyó que la fuerza pública se extralimitó y que no hubo razones suficientes para arremeter contra la población ese 3 de mayo de 2021.

Estos hechos dejaron un saldo de tres muertos; José Ambuila de 32 años, Harold Rodríguez de 20 y la promesa del deporte Kevin Agudelo de 22 años, más un centenar de heridos.

Después de un año del paro, solo hay un escrito de acusación en contra del teniente Néstor Fabio Mancilla Gonzaliaz, comandante del Grupo de Operaciones Especiales de Seguridad, GOES, debido a ataques indiscriminados a personas ajenas a las manifestaciones.

Por los mismos hechos también hay acusación contra el coronel Édgar Vega Gómez, comandante operativo de la Policía Metropolitana de Cali. Ambas personas deberán responder por homicidio agravado y lesiones personales. Sin embargo, el proceso va a ‘paso de tortuga’.

Las víctimas  de ‘la toma de Siloé’, como fue bautizado por algunos, piensan dos veces al dar una declaración u opinión, pues la violencia también calla a quienes quieren saber la verdad.

Es por todo lo anterior que, diferentes oenegés nacionales e internacionales, voluntarios, líderes y movimientos sociales, decidieron tomar cartas en el asunto y crearon el Tribunal Popular en Siloé, que busca dejar una condena simbólica y una memoria histórica a las familias de las víctimas.

Con la instalación de este tribunal se pretende denunciar violaciones a los derechos humanos, el abuso policial, la impunidad, la inoperancia de los órganos de control que protegen los derechos humanos, y la estigmatización y vulnerabilidad generada por los medios de información.

El Museo Popular de Siloé es uno de los colectivos que impulsan esta iniciativa de reivindicación. Está ubicado sobre la calle 9 oeste con 50. David Gómez es su director, y junto con su gata ‘Museo’ nos abrió las puertas a este santuario, que está vigente desde 2002.

David  ha vivido toda su vida en Siloé, la conoce perfectamente. Él es Siloé, su sombrero y su camisa lo gritan.

Cordialmente me invitó al evento celebrado el pasado 3 de mayo. Y me entregó un volante de letras blancas y moradas sobre la ‘Conmemoración de la masacre e instalación del tribunal e imputación de cargos’. Subimos al segundo piso del museo, donde la historia es más amplia.

Las escaleras están en un angosto pasillo con olor a guardado. Al subir me encontré con cientos, quizás miles de piezas de colección. Electrodomésticos, zapatos y  vinilos antiguos,y elementos que dejó la resistencia del paro. Hay fotos del barrio, también de los que se han ido y mensajes que estos han dejado.

La colección es tan fiel a su filosofía, que se exhibe la chaqueta ensangrentada de uno de los caídos en medio de las manifestaciones,  los casquillos de las balas, cómplices de la furia de quién sabe quién, también se exponen.

El recorrido por el museo termina en una habitación dedicada a disfraces de los ‘diablitos’, quienes acostumbran a salir en noviembre. Todos estos elementos tienen algo en común: han estado en algún punto de Siloé.

 “Estoy abriéndole un espacio para coleccionar las cucarachas que han muerto aquí”. -Las enseña con mucho orgullo- “Es que todo es historia. El celular que tenés va a caducar en tres años y hará parte de la historia”, dijo al señalarme.

También recordó orgulloso que le han ofrecido hasta $500 000 por la lata de cerveza Azteca que se tomó Luisito Comunica el día que fue a visitar su museo -personaje que David no conocía-. Incluso el mismo ‘youtuber’ quiso hacerle una retribución, al argumentar que él ganaba dinero al publicar su historia e imagen. Sin embargo, es reacio al decir: “La memoria de Siloé no tiene precio”.

Y contó sobre los objetivos de este tribunal. “Debido a que la Fiscalía se ha hecho la pendeja con los casos, los procesos no avanzan. Imputan algunos casos como para mantener la calma. Se decidió hacer un tribunal, para juzgar, y depende de los jueces, a quién condenen”.

Según un comunicado de divulgación emitido por el Tribunal Popular en Siloé, lo que se busca con esto es: “Luchar contra la impunidad en Colombia y el mundo, esclarecer los hechos ocurridos y reivindicar la memoria y dignidad de las víctimas, sus familiares, organizaciones y comunidades”. Y lo más importante, evitar que estos hechos se repitan.

Buscar una reconciliación en momentos en que el país se encuentra tan polarizado es complicado. Lograr que la sociedad en que se vive sea más empática resulta aún más difícil. Empero, el tribunal es el espacio para que las víctimas se desahoguen y sepan que, “aquí se les está poniendo atención”, como lo dijo David Gómez.

En medio de la entrevista, él recordó un momento especial que vivió hace un poco más de 20 días, durante un recorrido de ‘Patoneadas por la memoria’: “En una visita de  estudiantes de la Javeriana, se sentía algo de escepticismo en los chicos, respecto a los relatos que hacíamos, hasta que de casualidad pasó doña Ángela, la mamá de Kevin Agudelo, uno de los primeros asesinados del 3 de mayo”.

Y continuó: “Al momento que ella ingresa al museo, se desploma. Empieza a llorar y contar la historia de su hijo a los muchachos de la Javeriana, entre otras cosas, que habían días en que su hijo salía en su bicicleta sin haber comido algo”.  

Entonces recordó y emuló el momento más emotivo. “Cuando me di cuenta, todos los estudiantes lloraban y a mí se me quebró la voz. Fue emocionante porque la mayoría vienen de familias acomodadas”. 

“Cuando me di cuenta, cada estudiante abrazó a doña Ángela y lloraban con ella,  se sumaron al dolor”. David recordó ese gesto de los estudiantes de la Universidad Javeriana con nostalgia, le temblaba la voz, parece que él fuera quien viviera el luto. Por mi parte, a mi se me aguó el ojo. 

David Gómez contó que esas dinámicas son las que permiten sanación, y son sentimientos que se quieren lograr a través del Tribunal Popular en Siloé.

Este tribunal, único instaurado desde las comunidades populares, con apoyo de académicos y las oenegés, se divide en dos momentos:

Del 4 de mayo al 8 de septiembre de 2022 se llevará a cabo la recolección de pruebas, cotejo y comparación de evidencias.

Del 10 de septiembre al 9 de diciembre se hará la redacción del fallo e individualizará a los responsables en sus distintos niveles.

Los jueces que participarán en este tribunal son académicos voluntarios locales, y de países como Argentina, Alemania, Bolivia, Estados Unidos y Cuba. Y serán ellos quienes dictaminen quiénes fueron los responsables de los hechos de abuso cometidos durante el paro, no solo en Siloé, sino en todo el perímetro de la ciudad.

El paro nacional fue el estallido de un cúmulo de inconformidades sociales. Y es la gente de Siloé quienes dan una lección de lucha por la verdad y contra la impunidad.


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