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Crónica

Trauma, una historia de aguante

Por: Laura Motato, Vanessa Perdomo, Michael Saportas.

Por las calles de Cali deambulan los pasos de un poeta que aprendió a escuchar a la vida y a la muerte entre el caos de los versos, el fútbol, y el punk, pasiones e ideales que lo llevaron a aferrarse a la camiseta del América de Cali y a la histórica barra brava del Barón Rojo Sur, su nombre es Hugo Caicedo, más conocido como “Trauma”.

Hace unos treinta años el diablo se voló del escudo para irse a alentar con su banda descontrolada, hoy está más vivo que nunca en el alma de  los hombres y mujeres que celebran en medio de cantos, avalanchas, y pogos (danza de puño y pata derivada de las culturas punk, metal, y rock) allá en la tribuna sur del Pascual, se sostiene en el corazón de los que alientan al pentacampeón en una sola voz ¡dale, dale, dale, dale, rojo!.

Hay muchos tipos de hinchas, entre esos están los que se paran a dárselas de adinerados en occidental pero no saben disfrutar de un gol, o los intolerantes que creen que el fútbol se hizo para morir, y por último, los que arman el carnaval en cada partido, con trompetas, bombos, y platillos, los que saltan como nunca los noventa minutos, viajan por todo el país siguiendo a sus jugadores, esos son los que se inmortalizan con los años, personajes que son del pueblo y para el pueblo.

Mientras el país se inundaba en sangre por el auge del narcotráfico y la lucha armada, el ideario punk y contracultural comenzó a formar parte del pensamiento de las nuevas generaciones, agrupaciones como La Pestilencia, y bandas de rock como Aterciopelados agarraron las guitarras y los micrófonos para levantarse en nombre de todos los muertos que dejaba a su paso la guerra, cantaban para una juventud que ya estaba cansada de tantas injusticias.

En 1990 el M-19 (ex guerrilla colombiana) había logrado el acuerdo de paz con el gobierno nacional, y un año después,  con la ayuda del movimiento de la Séptima Papeleta ( Movimiento estudiantil conformado por jóvenes de distintas universidades del país ) construyeron una nueva constitución, pero la indignación no acabaría, en 1991, Carlos Pizarro, ex combatiente de la ya desmovilizada guerrilla, fue asesinado justo cuando se presentaba como uno de los candidatos predilectos a ganar la presidencia de la república.

La gente perdía la fe, pero aún quedaba algo por hacer, tomarse los estadios de fútbol. Tres años después, en 1994, un grupo de adolescentes caleños de carácter revolucionario y anarquista de los barrios San Fernando y La Rivera, con el apoyo de algunos estudiantes de la Universidad del Valle, se juntaron con el fin de crear un espacio para ser escuchados; los hermanos Caicedo (Trauma y Cheo), los Vahos ( Ruso y Eskupa), los García (Ricardo y Mauricio) y los Guevara (Harold y John) conformaron la primera línea de la barra brava.

Inspirados en “La 12” del club de fútbol Boca juniors de Argentina, y también por algunas hinchadas de Perú, se pusieron en la tarea de diseñar las banderas, los famosos trapos ( pedazo de tela pintada con mensajes alusivos al equipo y a la ideología de la barra), compusieron cantos que al principio fueron motivados  por las letras de Fito Páez ( cantante de rock argentino),  primero  la gente llegaba por el voz a voz, luego diseñaron una revista llamada ‘Volúmen Brutal’ recreada gracias al albúm de la banda española de metal Barón Rojo ( de donde también toman su nombre) y la vendían a $500 en la tribuna, pronto fueron diez, veinte, y después de los cien ya nadie los detuvo.

 Esa primera generación, también llamada la “vieja guardia”, eran jóvenes entre los que se contaban escritores, poetas, y diseñadores, uno de ellos, ‘Trauma’, fue uno de los más reconocidos, con los años se volvió un ícono americano, su pasión no sólo atravesó las fronteras del continente, también tumbó los estadios de todo el país. Su vida está ligada a la del América de Cali, sus ojos contrastan con una historia llena de matices de felicidad y dolor. Tras ellos, épocas duras, luchas internas, es como un Dante Alighieri al estilo caleño, bajó al infierno para ser testigo de los demonios más oscuros a los que un ser humano puede enfrentarse, a su vez, encarna la felicidad de un hombre que hoy por fin es libre, a pesar de que la calle le enseñó a sufrir también le hizo entender al otro como un hermano, y lo llevó a valorar su vida como lo hace ahora.

Todo hincha fiel al Barón lo reconoce, para algunos mencionarlo es regresar en el tiempo a las celebraciones interminables que la barra disfrutaba, los toques de punk, las batallas campales contra la policía, “Hugo es la historia de los tropeles en las marchas, del descontrol en los toques, entrar en la 18 y ver como todos los habitantes de calles lo saludan con respeto, un personaje de la ciudad”, comenta Jorge Díaz, uno de los hinchas que forma parte del BRS.

Para otros es una leyenda viva, “Respeto pa’ vos Hugo Caicedo, sos un man muy lúcido loco, el ejemplo vivo de un barrista, barrista”, afirma José David, otro de los seguidores de la mecha, del ‘Trauma’ de los últimos años admiran su origen, es un hincha que se ha hecho de barrio, también su fuerza y vitalidad, pues  aprendió a escuchar a la muerte al haber estado tan cerca de ella y hoy  está más vivo que nunca alentando con la banda, “aguante Trauma” dicen algunos cuando lo mencionan.

El amor por la poesía lo convirtió en un atorrante del sistema, no le comió cuento a ninguna editorial y mucho menos a la academia, se hizo él mismo, ganándose el aprecio de quienes lo escuchan declamar.

En sus versos están plasmadas sus más profundas  alegrías y tristezas, en ellos retrata su juventud, sus  épocas siendo el loco de locos, sus años de rehabilitación, su presente, siente con intensidad la realidad agridulce de los seres humanos, se pregunta por la maldad, el miedo, los resentimientos, las pasiones,  también le habla a la vida, solo necesita un par de palabras para abrazar con el alma, escribe sobre el dolor que le causaron las adicciones, y los interrogantes sobre el futuro, divaga sobre la muerte, la mira a los ojos y baila con ella como si fuera su amante, le dedica poemas al fútbol, a la emoción que provocan los cantos de la banda del diablo, esos que retumban las graderías de la popular, y lo más importante, expresa sus sentimientos al equipo de sus amores. “El ´Trauma´, todo un maestro de la calle, él es un poeta del asfalto, dotado de verdades y carácter para decirlas pintadas en poemas y si le toca en gritos… Con la barra, la birra y la rueda, que nunca falta para rodar por las cabezas de todos los personajes que se le cruzan por los andenes parcero… nitido!!!! eres un maestro de mi generación anarquista!!!”, declara Andrés Trivino, un hincha del América que conoce de cerca el talento de Hugo.

“Cuando ya no sea parte de este gris mundo volaré a encontrarme con mi sombra que tanto me espera, luego recogeré mis pasos que caminaron algún día por este paradigma terrestre, aquejaré a todos los que desearon el mal para mí, y finalmente descansaré en un jardín de flores secas y hojarascas coloridas enredadas con la voluntad de los que me quisieron amar”, Hugo Caicedo.

El poeta de los suburbios, autor de fragmentos que han llenado de emociones a más de uno, hoy puede sentarse a leer sus libros en sitios como La ‘Loma de la Cruz’ con la seguridad de que vive sus años tranquilo y de que está rodeado de quienes lo admiran, como su actual pareja, sus amigos más cercanos, o, por ejemplo, estudiantes de distintas universidades que se interesan por conocer su historia y quieren saber acerca de sus textos.

Su pinta habla de Hugo y de nadie más, su pantaloneta, sus medias largas y zapatillas deportivas lo hacen lucir como el jugador número 12, el que juega alentando desde la tribuna sur, su camisa dice El puto amo de la anarquía, es el nombre de uno de los mejores trabajos audiovisuales en los que ha participado, en el que fue  protagonista junto con  Manu Chao ( banda francesa de reggae), agrupación a la que además le tiene un profundo aprecio.

Su cabello largo y oscuro habla por el ‘Trauma’ del pasado y el de hoy, el adolescente con rabia que retó a la Policía las veces que quiso, el flaco mechudo que saboreó todo tipo de pasiones, el hombre de hoy que está para grandes cosas. Entonces saca sus cinco cuadernos, primero explica que  los ha impreso con su dinero y la ayuda de otros de sus parceros, observa sus portadas al tiempo en que, poco a poco, reflexiona sobre su vida actual y se deja llevar por los escasos recuerdos que aún mantiene después de su paso por rehabilitación,  “ casi todo lo que les estoy diciendo es porque me lo ha contado la gente porque yo no me acuerdo de nada”, comenta. Luego, comienza a divagar sobre su infancia, y relata algunos de los hechos que lo marcaron como persona.

Habría que trasladarse a 1976, cuando el rojo todavía no se coronaba campeón por primera vez, el único triunfo de ese año fue la consecución de un torneo internacional amistoso que contó con la participación de equipos provenientes de Venezuela, Ecuador, y Bolivia. El mito de la maldición del Garabato comenzaba a correr entre los fanáticos, (se cuenta que en 1948 se llevó a acabo una reunión de los directivos que tenía como fin decidir la entrada del equipo en el fútbol profesional colombiano, pero uno de ellos, Benjamín Urrea, apodado “Garabato”, se opuso de forma rotunda, finalmente sentenció al América diciendo: “que lo vuelvan profesional, que hagan con el equipo lo que quieran… que, por mi Dios, América nunca será campeón”.

Mientras tanto, en el barrio La Rivera, al norte de Cali, nacía Hugo, casi como si estuviera destinado a convertir la tristeza que invadía a los hinchas de entonces en puro aguante. En 1979 llegó el momento esperado por los americanos, por fin celebraban el campeonato nacional, los hinchas le llamaron a ese día “aquél 19”, la fecha en que consiguieron el triunfo más importante desde la fundación del club en 1927.

El ‘Trauma’ de la infancia jugaba en la cancha Guayacanes frente a su casa, sin saber que el tiempo lo llevaría a montarse en la tribuna sur del estadio Pascual Guerrero, lo primero que hacía después del colegio era tirar los cuadernos a la cama y salir a jugar al fútbol, tampoco puede olvidarse de las calles del sector que testimoniaron su caminar por esta ciudad violenta.

Don Oscar Gómez Becerra, uno de los vecinos más allegados a su vida personal, pronto se ganó su corazón, fue quien le enseñó los valores de hincha, el amor por la camiseta, por el escudo, los símbolos. Gracias a esa relación el niño que por aquél tiempo solo pensaba en patear la pelota, reconoció su pasión por el América de Cali, él lo acompañó al estadio por primera vez, era 1985, una noche en que jugaban América y Medellín, por desgracia, las cosas no salieron como se esperaban, en el entretiempo hicieron estallar un carro bomba en plena Calle Quinta, el estruendo llenó de temor al público, Hugo se asustó tanto que intentó salir a correr, pero él no sabía que una explosión más grande estaba por salir de su alma. Aquella década el club marcó un hito nacional al consagrarse como el único   pentacampeón del fútbol colombiano, 1982 – 1983 -1984 -1985 -1986, y entre el lenguaje de sus hinchas quedó la famosa frase: ¡pentacampeón solo hay uno!.

Estudiando en el colegio Antonio José Camacho, apenas siendo un niño, Hugo se encontró con una parte de su personalidad que marcó para siempre la historia de su nombre , le pusieron ‘Trauma’ porque era un ser callado que se dedicaba a analizar a las personas, y a escribir aislado en un rincón: “a  mí no me gustaba hablar con nadie, yo siempre fui un man re solitario, entonces decían, no, ese man tiene un trauma, y así me quedé”, cuenta él mientras mira hacia los kioscos  ubicados frente a la terraza de la Loma de la Cruz.

En las clases solía defender sus posturas con mucha fuerza y eso le provocó conflictos con los profesores, en una ocasión, hizo trampa en un examen de química, pero uno de sus compañeros lo delató, lleno de rabia, Hugo no tuvo más respuesta que gritarle al profesor ¡yo quiero ser poeta!, días más tarde lo expulsaron de la institución.

Desistió de sus primeros años de bachillerato para hallar su propio camino, fue aprendiendo de la calle, del destino, hizo su voz entre canciones de punk y rock, se preguntaba si de verdad valía la pena vivir como lo dicta la biblia del sistema, nacer, crecer, reproducirse, y morir,  rápidamente reemplazó su uniforme de estudiante por las botas, los chalecos, y las camisetas del América, la marihuana, las pastillas, y el alcohol se mezclaron en su cabeza para formar una especie de cóctel revolucionario, el niño introvertido que se cruzaba de brazos a atender las clases, estaba desapareciendo, ahora era un adolescente explorando los espejismos de la anarquía.

El jóven que se reveló contra toda ley y orden, ese que empezaba a descreer de todo, fue a parar a las filas de la Policía para prestar labores como bachiller, pero no duró mucho tiempo,  fue expulsado a los tres meses por drogar a sus compañeros con pepas ( droga de la familia de las anfetaminas que provoca alucinaciones) y vino, tras su salida, no pudo con el resentimiento de sentirse echado una vez más, lo que le sirvió como excusa para terminar de justificar los pensamientos  que formaron parte del resto de su juventud.

Hugo le habla a ese pasado en su siguiente poema:

25/05/20

Adelante

No importa haber tenido sueños frustrados y mucho menos tener el destino en contra

No importan tantas caídas y mucho menos tantas levantadas para seguir adelante con más impulso

Valió la pena ir en contra de todo y escuchar a mi espíritu para dejar huella en este mundo caótico y estepario

Valió la pena tanta irreverencia y seguir a mis instintos, que no me quedé atado a un matrimonio y a una empresa

No me importa tener una cuenta bancaria enorme y mucho menos títulos universitarios que no tienen valor ante DIOS, porque en la riqueza de mi alma hallé reposo y sabiduría

Valió la pena acariciar el asfalto y los miles de bolillazos que me hicieron tan fuerte como decir que en este mundo no me aferro a nada

No me importa seguir viviendo de manera culta porque aun libero batallas con el nuevo orden mundial

Seguiré adelante con mis principios y valores sin importar el dolor que tenga que vivir para hacer lo correcto

Prefiero seguir de apoyo para ver crecer a mis semejantes antes que usarlos a ellos como escalera para mi propio beneficio

Renaceré una y otra vez sin importar cuánto tiempo dure mi proceso de transformación porque los que quieren difuminar de mí y destruirme tienen sus días contados

No me importa estar en boca de la gente porque para eso dejé huella y porque valió la pena ser señalado por malo, que por morrongo.  

Aquellos años noventeros vieron surgir al personaje que mucha gente recuerda, era conocido por ser el loco que formaba el descontrol en la barra, también era una época de triunfos para el América de Cali, en solo una década obtuvieron dos campeonatos de la liga colombiana y disputaron la final de la Copa Libertadores frente a River Plate (histórico equipo del fútbol argentino). Los “escarlatas” tuvieron en sus manos el torneo al ganar en el Pascual Guerrero con un gol casi olímpico de Anthony el ‘Pitufo’ de Ávila, pero no les alcanzó jugando de visitante, el jugador Hernán Crespo apagó la llama del posible triunfo con dos goles, en uno de ellos aprovechando un error imperdonable del arquero Óscar Córdoba.

Hugo conocía Latinoamérica viendo los trapos de las barras bravas más grandes del continente, acompañado por el BRS, al ritmo del sonido y las letras de  Narcosis ( banda de punk peruana) !sucio policía! ¡sucio policía!, y La Pestilencia (banda de punk colombiana) ¡casate, procreate, y muere!, dominado por drogas psicotrópicas mezcladas con alcohol, se montó en buses que lo llevaron lejos de su casa, viajes cuyo recuerdo sólo se mantiene a través de los regalos que se trajo, gorros, bufandas, y camisetas.

‘Trauma’ recuerda los destrozos que hicieron al Metro de Medellín en 1998, dice que además secuestraron un bus que llevaba barristas del Atlético Nacional, los hicieron bajar para desnudarlos en plena carretera y fotografiarlos, Felipe Garcés, el entonces vocero del grupo, justificaba estos actos asegurando que era la única forma en que la prensa centraba su atención en ellos. Un año más tarde, en 1999, la tragedia invadió la alegría de los miembros del Barón, Jeison Rico, alias ‘Misterio’ comandante del bloque ‘Averno Central’, fue asesinado al recibir dos machetazos en el pecho en una pelea con un conocido de la barra “como ellos eran metaleros satánicos Misterio le dijo que le debía traer la sangre de la mamá para tomarsela y el man le dijo, bueno, esperáme aquí, ya voy pues, y ese marica fue y cogió un machete al rancho y cuando llegó encendió a machete a Misterio y lo mató” explica ´Trauma´. Su muerte dejó una marca en la memoria de quienes lo conocieron, con el tiempo se ha convertido en un símbolo de aguante y  es otra de las figuras reconocidas por los hinchas, incluso, es mencionado en el tema ‘Se viene la banda del diablo’  una de las canciones más famosas del América de Cali “recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos, las cuatro finales, la muerte del Negro Misterio…”.

El equipo comenzó el nuevo milenio con pie derecho ganando el tricampeonato de la Copa Mustang, 2000 – 2001 – 2002, de la mano del técnico Jaime de la Pava, convirtiéndose en el primer club colombiano en alcanzar un tricampeonato y un pentacampeonato. Más de ochenta hinchas de diferentes regiones del país se reunieron en la casa de ‘Trauma’ para celebrar, “fueron tres años de carnaval aquí en esta casa, mi mamá estaba que me echaba” comenta él.

Después de lograr reconocimiento a nivel nacional el BRS pasó a ser el blanco de la prensa amarillista, solo se les tachaba de violentos y vándalos, además, la barra perdió el norte tras la infiltración de pandillas vinculadas con el narcotráfico, los ideales de unión y anarquía se fueron quedando atrás, provocando conflictos entre ellos mismos.

Hugo comenta con expresión de rechazo como por esos días prefirió aislarse, la banda ya no era lo mismo, los trapos pintados con mensajes  dedicados al Ché e inspirados en lemas antigubernamentales  fueron opacados por referencias que no tenían nada que ver con lo que él y sus compañeros propusieron tiempo atrás, las nuevas generaciones gritaban en lugar de cantar, él asegura que el América de hoy es campeón porque su gente aprendió a darle motivación a sus jugadores otra vez.

En 2008, el club se gozó una de los mejores planteles que ha tenido en su historia, estrellas de la cancha como Pablo Armero, Adrián Ramos, Paulo César Arango, Duvan Zapata,  Adrián Berbia, y otros, le dieron el subcampeonato frente a Boyacá Chicó FC y  la tan anhelada estrella 13 ese mismo año en la segunda temporada, después de los problemas económicos que padecieron luego de ser incluidos en la Lista Clinton, ( lista diseñada por el gobierno estadounidense en la que incluye personas y empresas vinculadas con el narcotráfico, lavado de activos, o venta ilegal de armas),  ocho años atrás, los directivos y los hinchas vieron la esperanza en ellos, pero esa pequeña luz se desvaneció tan rápido como llegó.

En la edición siguiente de la competición, se agravó tanto la crisis que se vieron obligados a vender la mayor parte de la nómina, y ya para el año 2010, América de Cali veía cómo se avecinaba el infierno del descenso.

En octubre de 2009, Hugo asumió uno de los momentos más difíciles de su vida, hinchas del Deportivo Cali le propinaron catorce puñaladas y lo dejaron al borde de la muerte, pero en lugar de caer vencido salió más fuerte que nunca para relatar cómo este suceso, haber sobrevivido a un ataque tan brutal, se convirtió en una de sus motivaciones para ponerle fin a otras circunstancias que lo estaban destruyendo por dentro.

En 2011 América jugaba su propia batalla, a pesar de haber iniciado bien la primera campaña, en el segundo semestre el equipo tuvo que asumir deudas con la Dimayor (entidad que dirige el fútbol colombiano) y no pudo reforzarse en las primeras tres fechas, por si fuera poco, los dirigentes se apresuraron a reemplazar al técnico después de los tres primeros partidos disputados, Álvaro Aponte fue reemplazado por Wilson Piedrahita. En diciembre se enfrentaron a Patriotas de Boyacá, empatando 1 -1 en Tunja, terminando en un 4-3 por definición desde el punto penal en Cali, América se convirtió en el primer equipo grande en Colombia, en irse a la segunda división.

Uno de los artistas más queridos por Hugo es Manu chao, el cantautor franco español de reggae y ska, es conocido por llevar buena música a través del continente con canciones compuestas por letras trascendentales en donde menciona temas relacionados con la violencia, las guerras, la calle, y la clandestinidad, en ellas denuncia también el drama de los migrantes condenados a sufrir los atropellos del Estado y de la sociedad.

En 2012, tres colectivos caleños Satélite Sursystem, Alcalde Plastilina, y Ver Producciones, propiciaron la realización del documental “El puto amo de la anarquía” que contó con la participación de ‘Trauma’ en su rol de poeta, escritor, y fan de la agrupación, siguiendo la primera presentación del artista en suelo colombiano, grabando la odisea para entrar al Diamante de Béisbol de Las Canchas Panamericanas, los problemas con la Policía, hasta la culminación del concierto.  También participaron las voces de protesta de líderes territoriales de todo el país.

Por último vinieron las charlas compartidas con Manu Chao, el joven anarquista danzó en medio de la calle cantando Luna y Sol, del mismo cantante, mientras señalaba el cielo nocturno e improvisaba, “arriba la luna oea, arriba la luna oea, “¡mentira lo que dicen, mentira lo que va, mentira Calicalabozo va por la ciudad!”. Aquél día recibió los consejos del artista, dos palabras marcaron su rumbo desde entonces “dejá que pase”. ´

Zalama Crew´ es otro de los grupos que se presentó durante el concierto, la mezcla de sonidos de rap, hip-hop, y reggae, le dieron a la noche el toque caleño que bastaba para abrir el evento. Más que un conjunto de artistas, son una familia  que ha decidido unirse para saltar a los escenarios de todo el mundo, desde el Hip – Hop al Parque y Rock al Parque en Colombia, hasta Francia y Estados Unidos, siempre con el puño en alto en favor de la reconstrucción de la identidad latinoamericana, sus canciones son un grito reivindicativo  por los saberes de la herencia indígena y afrocolombiana, son una expresión de amor por la ciudad de Cali y las comunidades del mal llamado ‘ghetto’, pero lo más importante es que su público no sólo reconoce su talento, pues ellos también se destacan por ser un colectivo que a través de la creación de festivales y toques le ha abierto el camino a raperos salientes de muchas regiones del país. Para Hugo, ellos fueron un parche que nunca le dio espalda pese a su locura: “Zalama Crew es parte de mi corazón por todo lo que significaron para mí, por darme el aguante y por nunca dejarme morir en el abandono, porque ellos siempre me dieron la voz de aliento y me dijeron que Hugo podía salir adelante” comenta mientras recuerda detalles, el poeta sostiene desde hace varios años  una relación muy estrecha con la banda, cuenta que les compartía sus escritos, los ayudaba a vender vinilos, a organizar las presentaciones, y acostumbraba a apoyarlos tras el camerino, incluso, hizo parte del video oficial de la canción Mi Son my Friend, que fue lanzada en el año 2012, como parte del albúm Calentura Mi Son.

En 2015, ‘Trauma’ inició su proceso de recuperación en un grupo de doce pasos, a partir de allí, la fuerza de voluntad pasó a ser su única arma, sabía que tenía que salvarse así mismo de las fuerzas que lo llevaron a sumirse en las drogas y el alcohol.

Él deja ver las insignias que ganó tras cada etapa sin consumir, primero dos semanas, luego, un mes, tres meses, cuatro, un año, dos, tres, cinco años, en diferentes idiomas, inglés, alemán, quechua, y otros, dejar ver en su rostro el orgullo que siente.

Hugo cuenta que un año más tarde, en 2016, recibió la noticia del fallecimiento de su vecino más querido, Don Óscar Gómez Becerra, “en enero del 2016 entré a trabajar en una empresa, había perdido el pasaporte, perdí todo, y tenía que sacar plata para un duplicado para mi cédula, entonces él me dijo“se los voy a prestar”, normal, me los prestó, cuando yo recibí mi primer pago de una fui a pagarle, entonces me dijo: ‘eso es un regalo que le hago porque al fin usted se volvió responsable y estoy tranquilo, ya me puedo morir en paz´, eso me hizo llorar de una”. El mismo año, el América regresaba a la primera división con goles del ‘Tecla’ Farías y Cristian Martínez Borja frente a Deportes Quindío, el diablo daba el aviso de una nueva época, el presente anunciaba tiempos de transformación para “la mecha” y sus hinchas.

Hoy, el mítico ‘Trauma’ del Barón Rojo Sur continúa alentando con la misma fuerza con que lo ha hecho toda su vida, ahora trabaja en proyectos artísticos y culturales, asegura que no está interesado en publicar o hacerse notar porque muchas personas ya lo identifican, “es el poeta atorrante”, “el legendario Trauma”, dicen por ahí. Finalmente, Hugo puede darse el lujo de decir que sigue siendo el escritor del asfalto y que no se arrepiente de nada, porque a decir verdad “todo es mentira”.

Mis pasos caminan incesantes, van locos, no cansados, con compás y armonía, pero gritan con libertad, a donde iré, a donde iré. Hugo Caicedo.

 

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