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Cultura

Petronio: cocinar para preservar la cultura pacífica

Historia-Nini-petronio

Apenas uno llega a la ciudadela del Petronio Álvarez existen dos cosas que fácilmente puede distinguir: la primera de ellas es el sonido de la marimba y la segunda es el olor proveniente del pabellón de comidas típicas.

Sin duda alguna el aroma sirve de guía para propios y extraños que deseen aventurarse y conocer sobre la gastronomía del pacífico colombiano. Una gran carpa amarillenta es el lugar donde confluyen los maestros cocineros que preparan al momento los platos que la clientela desee.

¡Qué viva el pacífico! es una de las arengas que puede escucharse entre los pasillos donde el pescado frito, los patacones y uno que otro dulce típico sobresalen ante la mirada de los visitantes. Sin embargo, detrás de cada puesto existe una historia de superación personal que merece ser contada.

Tal es el caso de Nimia María Lozano una mujer que viene del Chocó, dispuesta a compartir los secretos de los fogones de ese departamento. Su puesto está recién instalado, su rostro denota el cansancio ocasionado por el ajetreo, pero su actitud es enérgica ante la jornada que está a punto de comenzar.

Buena atención y buena comida son dos de las palabras que sostuvo durante toda la conversación. Mientras se disponía a sentarse para hacer un recuento de cómo empezó su pasión por la cocina, en el momento sobresalía el olor del pargo rojo recién colocado en la freidora.

“Uno debe aprender a cocina antes de enamorar” afirma Nimia quien con mucho cariño recuerda a esa frase que decía su abuela, ella fue la persona encargada de enseñarle platos como el pescado frito, el pargo rojo relleno de camarones y el arroz a la marinera, durante su niñez.

El tiempo pasó y estar entre los fogones se convirtió en su mayor pasión, tal es así que recientemente se profesionalizó en el Sena, logro por el cual se siente muy orgullosa.

La cocina ya no es de las mujeres

El siglo XXI trajo consigo una serie de revoluciones culturales y sociales. Históricamente el oficio en las cocinas era dominado por mujeres, sin embargo en culturas como la pacífica, el hombre comúnmente no se encontraba detrás del fogón de leña.

Esto ha cambiado, Nimia con el ánimo de transmitir lo que su abuela y madre le enseñaron invita a su hijo a ser parte de la cocina, lo cual realiza con el mayor de los gustos. Él muy atento toma nota de lo que su madre le dice, además de las anécdotas familiares que le han permitido conocer mucho más a su familia.

“La cultura nuestra es muy machista” dice la cocinera que no tiene miedo de derribar estigmas cuando de involucrar y enseñar a cocinar a hombres se trata. Todo esto lo hace con una intención y es que desea mantener viva las tradiciones de su natal Chocó.

Aprender es una de las palabras que ha marcado la vida de Nimia, su trayectoria ha estado marcada por la resiliencia y el empuje que ha tenido para salir ante las adversidades propias de un territorio donde la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades muchas veces termina por cortarle las alas a quienes se atreven a soñar.

“Le doy gracias a Dios porque me ha permitido aprender”.

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