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Perfil. Pékerman, el último fantástico de la Selección Colombia

Pékerman hace cuerpo todas las alteridades de los poderes: taxista en Buenos Aires, exfutbolista, técnico de futbol, hombre, honesto y con hija antioqueña. No se dejó apropiar por nadie ni por los pobres ni por los ricos y ni siquiera con los pensantes del status quo político de la Federación.

Su polaroid era ser él, sin importar su alrededor. No promulgó con la prensa, no quiso que lo manosearan, no quiso conocer periodistas, nunca aceptó entrevistas para explicar lo inexplicable del fútbol, sin saberlo comulgó con enemigos y los esquivó. No le interesó ser un Valdano de la palabra cuando eso era lo de menos. Lo supieron sus dirigidos miles de veces, por miles de razones.

Solo aparece cuando medio país pregunta por él, y él como si nada surge en la foto de los diarios al otro día sin decir nada. Habla como los viejos cansados de la Edad Media y pareciera que lo fuera porque se esconde cuando debe dar la cara. No trasmite sus saberes, solo los aplica, los grita. No da explicaciones, no se queja, acepta perder y ganar de la misma forma como si la calma fuera de él.

Habla en los papeles, tiene traductores que lo acompañan como Lorenzo, Garabello, Urtasún, Patricio Camps y otros tantos, los encargados de decirle a los jugadores su pensamiento. Solo le habla a los fantásticos –Ospina, James, Cuadrado, Falcao y Sánchez- fuera del campo, en el hotel, al desayuno, se ríe con ellos. Los demás que esperen, se lo tienen que ganar, aquí hay favoritos.

Nunca dio una nómina que no fuera el mismo día, jamás dio pistas de quién iría adelante ni mucho menos dijo cuál sería su sistema. Puso hablar a los sabios del fútbol, a que especularan, a que nunca se identificaran con él así ganara o perdiera partidos. Se mofó de ellos y ellos lo sabían. Por eso, se lo metían a la boca pero no se lo tragaban. Nadie quiso tragárselo. Él nunca quiso.

Selló al genio, a Messi, para que siempre fuera argentino cuando lo vio en las inferiores del Barcelona. Pékerman llamó a Tocalli, un técnico sin saberes, y le obligó a que armara un partido para que el rosarino fuera de la albiceleste por el resto de la vida. Ganó tres mundiales Sub-20. Luego el técnico lo tendría como titular en la absoluta cuando reemplazó al vende humo de Bielsa.

Nunca se le vio fuera de foco, de tono, siempre impulsó su paciencia, esa que aprendió en la niñez en Entre Ríos, una región insular de charcos y tierras anegadas en la Argentina profunda. Guardó tranquilidad cuando su equipo se fue al suelo, igual cuando lo clasificó a dos citas orbitales de forma consecutivas. Las alegría siniestra de que esto solo fue una batalla porque la guerra es la que vale.

Tiene más de 70 partidos con la Selección –solo superado por Maturana que tiene más de 100-, seis años –más de 2275 días- conociendo a toda una generación de futbolistas, llevó a la absoluta a ser quinta del mundo en Brasil 2014, acumuló una vez más de 11 partidos sin ser derrotado y dejó la portería de Colombia sin goles en 37 partidos.

Venga lo que venga ya es un histórico. Si hay una generación que puso a soñar a un país fue está y él fue, a punta de gloria y sudor nos puso a comprar la camiseta, a que las abuelas que no sabían de fútbol dijeran James y Cuadrado, a que los niños soñaran con Falcao y Ospina y a que los ilustrados del balompié dijeran, en el fondo, Pékerman tenía razón. Fue él. Que cosa tan simple.

 

Nombre: José Néstor Pékerman

Nacimiento: Entre Ríos, Argentina

Edad: 68 años

Posición: Director técnico Selección Colombia Mayores

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