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Perfil. Cuadrado, un grande que jugará ante Costa Rica

Prudente como pocos en este oficio, abandonó Necoclí, en Antioquia, cubierto de gloria, cargando los sueños en una mochila, despidiéndose entre lágrimas porque se iba a triunfar bajo el calor y el frío del mundo. Se fue sin saberlo, intentando decirle a los suyos que lo iba a dar todo, jugar como aprendió, en el barro, en el polvo, sin guayos, en la playa. Así era mejor para no sentir bajonazos.

Austero y lejano, nadie de verdad lo conoce. Uno no piensa ni le muestran lo que hace por fuera de la cancha, sino qué hace adentro, cómo mueve la pelota. Tal vez se ve haciendo comerciales de Pepsi al lado de Messi o de Herbalife junto a la atleta Ibargüen. No es más. Cumple con su cometido de jugar al fútbol e irse a la casa a jugar al play. Así es siempre, siempre se ha dicho eso.

Su padre biológico murió violetamente cuando tenía 4 años. Su sustituto fue Nelson Gallego, que ha descubierto a una decena de futbolistas gloriosos. Cuando este lo vio por primera vez, luego de una recomendación, solo atinó a decir: “¿llegó bien?”. La pregunta abrazaba: de Necoclí a Medellín hay más de 400 kilómetros y 10 horas de viaje. Pero lo que angustiaba era que ‘Neco’ Cuadrado –como le decían- era tan escuálido y frágil que parecía un bebé. Creían que era brasilero por sus malabares con el balón y el despliegue que hacía con este. Algo que sigue manteniendo.

Sin carisma, pero con fuerza interior, uno se lo imagina contando anécdotas divertidas, con Armero, por ejemplo, pensando en cómo celebrar un gol ante Brasil. Nadie va más allá. Tal vez la única que sabe lo que dice en su silencio es Marcela Bello, quien es su ángel de la guarda, su madre, la que lo acompaña a las fotos publicitarias y le dice al oído qué hacer cuando se madura, se es grande como lo es ya.

Fue en el Independiente Medellín donde asomó su clase, luego de pasar por el Rionegro. Allí, en el Medellín, hizo 30 partidos para luego llegar al Udinese italiano. En seis años, se metió en el corazón de otros equipos como el Lecche, Fiorentina, Chelsea hasta llegar a la Juventus, ese equipo poderoso donde hoy es un ídolo y titular innegable. Ahora lesionado lo esperan con ansias.

El gran Dani Alves dijo que jugar con él era tan fácil, mientras manifestó que con Dybala se baila bien tras los goles. Sus rizos son clásicos, un sello que se mantiene sin el acontecer de la moda. Apoya su fundación, niños que recuerda su pasado. Tiene casi 300 que ayuda, junto a su familia. Para qué tanto si él tuvo poco y salió por la puerta grande. No fue fácil, pero se pudo. Comparte.

Tiene ese aire de jugador brillante, gambeteador, que casi nunca se amilana, como ese Rincón, ese ‘coloso’ que desbordaba en los últimos 20 metros, que iba al frente, que se metía por lugares nunca antes vistos en el campo del fútbol para pasar o anotar. Y allí sigue, contando los días para irse a jugar su vida, entre el vértigo y la soledad, ese lugar de ángeles y demonios que tenían los dioses egipcios.

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