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Crónica

Paso a paso, el covid–19 ha cambiado la vida de caleños

Desde el primer caso de covid – 19 en el mundo, Colombia inició una cuenta regresiva, de la que se ignoraba haría cambiar la vida de las personas. El 6 de marzo llegó el primer reporte de un caso de coronavirus en el país, una joven de 19 años.

La noticia estremeció a la población quien no creía que un virus que se originó a 15 980 kilómetros pudiera llegar a sus hogares. Además de ser una enfermedad que por su simpleza genera más pánico es sumamente contagiosa y tiene los síntomas similares como los de una gripa común.

Las medidas restrictivas comenzaron a pequeños pasos: cancelaciones de eventos, el cierre de colegios y universidades y la prohibición de reuniones de cierto número de personas. Luego, cierre total de comercios, gimnasios y discotecas. Finalmente, tras el aumento de más de 300 casos en todo el país y 3 muertos, el Gobierno Nacional decidió decretar la cuarentena nacional.

La palabra cuarentena suena aterradora para quien la escucha, como cuando el juez dicta la sentencia y el condenado es privado de su libertad. Pero, la realidad es que la medida, aunque sea sancionatoria, permite salir a las personas, por víveres, servicios médicos y hasta pasear las mascotas.

Sin embargo, el aislamiento preventivo aunque efectivo es utópico para muchos de los trabajadores independientes, vendedores ambulantes, e incluso, para algunos empleados vitales para el funcionamiento de las ciudades.

En Cali, mientras hay quienes acataron las medidas, otros cientos de personas se encuentran en las calles de la ciudad, algunos dirigiéndose a su trabajo otros cual anarquistas rechazando al sistema. El transporte público se encuentra abarrotado de personas sudorosas y con pánico de que sus manos rosen una microgota que los podría matar.

Del mismo modo, en las diferentes alcaldías hay movilizaciones y protestas por parte de inmigrantes venezolanos y trabajadores ambulantes impulsados por el hambre y el terror del ¿qué pasará?

Una de las medidas que les costó más a los mandatarios fue el cierre temporal de los aeropuertos y las restricciones de movilización. En este momento, hay miles de historias de personas que por una u otra razón estaban en ciudades diferentes a sus hogares, están varados en terminales de transporte. “Estaba trabajando en Cali, pero por motivos del coronavirus me tengo que devolver a mi casa en Medellín, no tengo dónde quedarme así que sí o sí debo viajar”, reza un testimonio de un trabajador al diario El País.

Tras las peticiones del Gobierno Nacional, las terminales de transporte han reducido su labor a una o dos compañías para atender a cientos de personas.

Por su parte, el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, se pronunció: “Queremos pedirles a las empresas que no convoquen a sus trabajadores si no son empresas de servicios esenciales, como servicios públicos, alimenticios”.

Además, el mandatario caleño dijo que se entregarán suministros alimenticios a iglesias y comunas, que no es necesario ir a la alcaldía, el CAM o la gobernación a pedirlos, arriesgando su vida. Por esto, se reforzarán las medidas de seguridad para garantizar la cuarentena.

En contraste, están las personas que han acatado las normativas, algunas con el estómago lleno de incertidumbre otros con estanterías con comida, que les recuerda que todo es efímero. “En casa se compra lo del día, dependemos de lo que se venda en la tienda, hicimos un pequeño mercado para una semana”, comentó una estudiante de Unicatólica.

“En este momento tenemos comida para una semana y media, en mi casa mercamos cada 15 días. Mi mamá es farmacéutica, es la que seguirá trabajando en este tiempo de cuarentena, mi padrastro es carpintero independiente y por el momento está parado, no puede seguir con los trabajos. Hasta ahora no nos ha tocado salir a comprar, pero creo que esta semana le va a tocar a mi mamá. Antes comprábamos a domicilio, ya no”, dijo otra estudiante que estaba a meses de graduarse de Unicatólica.

Diversas situaciones se han dado en la vida de los caleños. Mientras algunas empresas están instaurando el teletrabajo y las vacaciones colectivas otras están obligando a sus trabajadores a salir de sus casas y utilizar el servicio público.

“A mi hijo le dieron vacaciones colectivas porque no tiene nada que ver con el sector salud ni alimentos, trabaja en una juguetería. A uno de mis hermanos le tocó trabajar porque vende tanques de oxígeno.  A mi esposo le toca ir a recoger papeles y salir en transporte público porque no dejan salir en carros”, explicó Luz Aydé García Castañeda, una habitante en Cali.

“Pues tenemos comida como para diez días, tasándola. El esposo de mi mamá trabaja en empresa y puede hacer teletrabajo; mi mamá, sus ingresos dependen del día, pero son ventas que se pueden seguir haciendo por las redes. Solo a mi padrastro, hoy le tocó ir a trabajar porque su empresa es distribuidora de oxígeno y debe realizar compras y asegurarse que los empleados deben seguir repartiendo en todo el país”, dijo Yesenia Reina, una estudiante universitaria.

“Mis tías y tíos trabajan con almacenes y fábricas de ropa y calzado, el comercio se detuvo incluso desde antes de los toques de queda”, agregó Reina, refiriéndose a tiendas de ropa que su familia tiene en el centro de Cali.

Por cuenta de la violación a las medidas, ha habido alteraciones de orden público y son a nivel nacional, se han presentado casos en Bogotá, Manizales, La Tebaida, entre otros.  Además, Hay que recordar que el toque de queda obligatorio nacional comienza a las 12:00 de la noche de hoy. Se espera la próxima reacción de los gobiernos regionales para hacer cumplir la medida y responder a las solicitudes de la ciudadanía.

 

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