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Reportaje

Modelaje ‘webcam’ contagia a jóvenes del suroriente caleño

Por Laura Saavedra

Reportera de Realidad 360

Ya sea un trabajo más para unos y para otros algo de qué avergonzarse o incluso suponer que se trata de una conducta impropia, denigrante y hasta delictuosa, lo cierto es que cada día se crean más estudios y cada vez hay más personas acogiendo este oficio, el que ya traspira como una floreciente industria, que en Cali también se expande.

Aunque se volvió común que se hable de la ‘industria’ del modelaje ‘webcam’ en Cali, la polarización que surge alrededor del tema sigue en boga. Muchos lo toman como un trabajo denigrante, mientras que otros lo ven como una alternativa de inmejorable lucro y que ayuda a miles de mujeres a lograr independencia económica, debido a las menguadas oportunidades de ocupación formal que hay en la ciudad, donde la tasa de desempleo quiere volver a acariciar ese 29 % que alcanzó el año pasado en medio de la caída de la economía a manos de la pandemia y aún sin reponerse del desplome jalonado por el paro nacional concentrado en esta capital.

Para nadie es un secreto que Colombia es un país que exige un alto nivel de estudios y una larga experiencia laboral, si la persona quiere acceder a un salario superior al mínimo. Y en Cali también se replica esta situación.

Nada raro entonces es observar cómo caleñas y caleños están haciendo parte de esta labor, que a la par de la pandemia y el mismo paro ha contagiado a jóvenes del suroriente de la ciudad, que la ven como alternativa, en vista de las pocas oportunidades laborales a las que tienen acceso.

En este populoso sector ha tomado aire y expandido su fragancia Fresa Estudio, una firma ‘webcam’ que ocupa a 40 personas en 2 turnos, de los cuales 28 son mujeres y 12 hombres, como se puede evidenciar, las mujeres ocupan un 70 % frente a un 30 % de los hombres.

*María José, una de las jóvenes al servicio de esta firma, es una universitaria caleña que a sus 20 años cursa cuarto semestre de Administración de Empresas, de curvas pronunciadas y cabellera que llega hasta la parte baja de su espalda, de tez suave y clara.

Su vida trascurre como la de cualquier otra joven estudiante de su edad. No obstante, guarda un secreto. Se trata de un trabajo, que, según los estudios, cada vez es más común entre las colombianas y algunos colombianos, principalmente jóvenes, pero también hay hasta señoras con más de cinco décadas dedicadas a esto.

¿Se podría decir que eres prepago? “Prepago el celular”, responde ante la gracia que le causa la pregunta y suelta una carcajada. María José es modelo ‘webcam’, oficio que básicamente consiste en enseñar lo íntimo de su cuerpo y complacer a diferentes caballeros que desde cualquier lugar del mundo acceden a las páginas web que ofrecen este tipo de servicios.

No solo hombres, me han tocado parejas, matrimonios que hacen el amor mientras me miran e incluso hubo una vez una pareja de gais que también quería verme”.

Es muy difícil identificar a una modelo ‘webcam’ cuando anda como cualquier otra joven por la calle, porque cualquiera puede serlo. Lo que sí es más fácil de notar por las calles o las redes sociales, como consecuencia de la expansión de este oficio, son los avisos en donde se anuncia un trabajo que promete ganancias de $2 a $5 millones mensuales, el cual puede ejercerse desde la comodidad de la casa.

Para beneficio, las colombianas son las más apetecidas, además de abundantes, en un mercado que ofrece modelos desde ucranianas hasta venezolanas.

En el caso de María, ella empezó hace poco más de un año, por un anuncio en Facebook. Al principio lo hacía desde una de las casas adecuadas como estudios que hay en Cali. , pero hoy lo hace desde su hogar, a la hora que quiera y los días que quiera.

Generalmente, en días que trabaja lo hace durante tres horas. Y aclara: “Pues no soy prepago porque sería incapaz de ir a hacerlo personalmente, a que ahí si me toquen y me estén manoseando”.

Anda por su universidad con la frente en alto y sin nada que temer, pues es improbable que algún conocido la reconozca ya que tiene la posibilidad de elegir en qué país quiere ser vista y, como es de esperarse, tiene bloqueado a Colombia, por lo que sus clientes son europeos, mexicanos y demás extranjeros.

Sin embargo, María cede ante las pretensiones de quien se encuentre al otro lado de la cámara, pues por cada minuto que logre retener al cliente ahí recibe dinero, que ya ha sido descontado de la tarjeta de crédito del cliente, con un mecanismo similar al de la telefonía celular prepagada.

Ahora bien, para complacer a sus clientes se desnuda, acaricia su cuerpo con diferentes objetos y satisface visualmente sus pretensiones. “Aunque no todo es así. A veces no me toca desnudarme ni nada, hay mucha gente que solo quiere hablar y me toca hacer hasta de sicóloga”.

De los hombres que hacen esto, destaca que principalmente se trata de personas muy solitarias que por lo general tienen mucho dinero, pero no tienen con quién ni en qué gastarlo, por tanto su labor consiste en hacerlos pasar un buen rato, y muchas veces hay que recurrir a otros métodos distantes de lo sexual, como una buena conversación o simple escucha.

María estima que por lo menos el 80 % de los hombres que la contactan por la web quisieran llevar la situación a otro nivel, razón por la cual es muy común que abunden propuestas de matrimonio o de viajes al exterior.

No sería capaz de meterme con mis clientes, eso es algo que me daría muchísimo miedo porque son muy raros y no sé qué cosa podrían hacerme”.

Aunque destacó que muchos de sus clientes son especialmente cariñosos y se comparte un buen tiempo con ellos, lo que más le gusta de su trabajo y la razón por la que lo hace, es una sola: el dinero, gracias al cual puede pagarse ciertos gustos, la universidad, ayudar a su familia.

Para María hay dos tipos de jóvenes que practican este oficio. Por un lado, se encuentran las que se deslumbran con las cifras gastando todo en ropa y demás lujos, y por el otro están las que lo hacen para ayudarse económicamente y pensar en un futuro mejor dónde no haya que recurrir a esto. Por eso es que estudio, porque no me quiero quedar toda la vida en esto”

Por otra parte, se tiene otra perspectiva frente a este tema que genera un poco de tabú, orientado a otro tipo de personas que no creen que esto sea un trabajo de elogio y orgullo para cualquiera que lo ejerza, sea hombre o mujer. Es la posición asumida por un ama de casa, madre de tres hijas acerca de este tema. 

Estoy en desacuerdo que una mujer se desempeñe como modelo ‘webcam’ porque están utilizando el cuerpo como objeto sexual, quien accede a esto trabajo lo puede ver muy bien y accede fácilmente a esa labor, ya sea porque tenga necesidades económicas o así no las tenga quiere esa persona aspirar a cosas materiales como casas, carros, ropa y demás; probablemente esa persona tenga el apoyo de sus padres y de su familia. Creo que este trabajo es denigrante tanta para una mujer como para un hombre”, manifestó Paola Castillo.

A la señora Castillo le es incompresible que, por ejemplo, una hija suya pudiera estar exhibiendo su cuerpo en las redes sociales, “para que la estén viendo otras personas, porque el cuerpo es algo muy sagrado”.

De ahí que agregara: “Debería ser no más para su pareja y si ella o él lo exhiben no hay intimidad entre su pareja y la persona que ejerza esta labor, ya que cualquier persona del mundo puede acceder a ese contenido y se pierde por completo la autoridad sobre el propio cuerpo y la privacidad”. 

Por ello, esta ama de casa concluyo: “Tolero y respeto a las personas que ejercen esta labor, pero no estoy de acuerdo con eso; soy consciente de que esas personas no le están haciendo daño a nadie, mas no estoy de acuerdo que sea una forma de ganarse la vida”.

En contraste con la posición anterior, la sicóloga Catherine Arango, que ejerce en Unicáncer, sostuvo que se trata un tema que tiende a responderse de manera subjetiva. Es decir, desde la moral de quien la responde.

La moral es un constructo que se basa en consideraciones de lo que la sociedad o una cultura considera o no correcto, generalmente basados en una ideología. Por lo tanto, para un cristiano será un trabajo poco digno, que atenta contra la moral y que condena el alma de quien lo ejerce. Por lo tanto, definir si un trabajo es moralmente bueno o malo, dependerá de la cultura que lo juzga. En términos de ética… ya la discusión es otra”, sostuvo la sicóloga Arango.

Ella hizo referencia a lo que llama la dignidad moral, que al tenerla en cuenta, el oficio de ‘webcam’ “no se verá bien socialmente”.

La dignidad se refiere a una cualidad o característica que otorga valor a la persona, el respeto por sí mismo, su responsabilidad y hacia los demás. En este sentido, el trabajo es digno según el valor que quien lo ejerza le dé.

En la medida en que dicha ocupación le satisfaga, le haga sentirse realizada o plena y le permita obtener su sustento, la persona sentirá que su trabajo es digno, incluso encontrará razones o justificación en que no se hace daño a otro”, indicó la sicóloga Castillo.

Para la profesional, esa argumentación da pie a que “podría decirse incluso que es un trabajo que en ocasiones permite mucha más dignidad que muchos de los trabajos que los asalariados promedios que se sienten estancados en un trabajo que no les gusta, soñando y deseando hacer algo diferente, en condiciones laborales precarias. En ese sentido, sería un tema de percepción”.

Por ello sostuvo que “en términos objetivos es un trabajo, como otros, con un ingreso a cambio de una labor, incluso con menor exposición y riesgo físico, biológico, y demás que otras ocupaciones. Eso sí, con un importante componente de riesgo sicosocial en lo referente a acoso (físico o sicológico) que por lo general viene de afuera. Es decir, de quienes juzgan a la persona por su quehacer con base a sus estándares morales, a su sistema de valores y creencias. Es una labor que requiere despojarse de creencias, tabús, miedos y complejos”.

Insistió la sicóloga en que entre las mismas personas que ejercen como modelos ‘webcam’ hay percepciones, pero “es un proceso subjetivo influenciado por el medio, porque las razones para ejercerlo varían, por las personalidades, experiencias y demás de quienes ejercen está ocupación, que es diversa”.

Posiciones variadas surgen en torno a esta práctica u oficio, como la de un miembro de la Iglesia católica, cuyo punto de vista lo expone el padre Nelson, de la parroquia San Miguel Arcángel, quien de entrada lo descalifica porque dice que “este trabajo afecta la dignidad y valoración del cuerpo”.

Sin embargo, sostuvo que sin intención de juzgar y sin conocer la realidad de las otras personas ni tampoco justificarlas, a quienes trabajan como modelos ‘webcam’ “no se les dan las oportunidades laborales que todo ser humano merece y tristemente, pues en ese mundo siempre se buscan otras opciones que no deberían ser”.

Empero, el sacerdote dejó en claro que “lo otro sería el valor del cuerpo, la parte espiritual, ya que el cuerpo es templo de Dios, como presencia física de Dios, pero hay que tener en cuenta que si ellas ofrecen; es porque alguien consume. Y sí alguien consume también es culpable de eso, o sea en el fondo también es cómplice de un trabajo que se sabe que deteriora el valor y el ser de una persona”.

Concluyó el padre Nelson: “La sociedad debería respetar y valorar más al prójimo.  Entonces veo que la mujer trabaja en ese tipo de empleo para justificar su realidad y su necesidad. Si la ‘webcam’ ha crecido bastante es porque también hay muchos consumidores que están sedientos por comprar carne o tener un cuerpo por medio virtual, y no debería ser así”.

Precisamente, un consumidor final de este contenido para adultos es Mauricio Gómez, un trabajador caleño que a sus 28 años tiene ya definida su percepción.

Opino que si ellas trabajan allí es porque les gusta ese trabajo. A veces pago por verlas y no las veo ni tristes ni nada. Es más, se ve que se sienten bien cómodas porque de una se les ve que disfrutan lo que hacen ¿y cómo no? Si bien que les pagan”.

A manera de conclusión sentenció: “Eso lo hacen por la plata, porque si fuera por necesidad o solo por comer, se dedicarían a un trabajo más digno, pero no lo hacen, porque eso no es rentable para ellas”.

 

*Nombre cambiado a petición de la fuente

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