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Informe Especial

Mendicidad, flagelo que sigue golpeando a Cali

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En la capital del Valle hay alrededor de 2’119.901 habitantes, de los cuales 170.000 se encuentran sin un lugar donde laborar, cifras que según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, tuvo un incremento de 18.000 personas desempleadas a comparación del año pasado, en el cual se registraron 152.000.

A causa de estas cifras, muchos de los caleños que se encuentran sin un empleo formal, buscan la forma de generar ingresos para el sostenimiento propio o de sus familias, viendo como una salida para mitigar su crisis económica, la mendicidad y las ventas ambulantes, las cuales se han convertido en una problemática que va en aumento.

Además, la llegada masiva de los migrantes venezolanos ha aportado a que las cifras de personas desocupadas aumenten, según Esteban Piedrahita, presidente de la Cámara de Comercio de Cali.

“Realmente no tenemos demasiada claridad del porqué estas cifras, pero hay un factor que al que le aducen esto y es a la llegada de más refugiados venezolanos. Esperamos que las cifras mejoren en el segundo semestre”, comentó Piedrahita.

Esta problemática encendió las alarmas de las autoridades, por esta razón ya se tienen identificadas 14 comunas de la ciudad en las cuales se evidencia el aumento del trabajo infantil y la mendicidad.

La secretaria de Bienestar Social del Municipio, Carolina Campo, aseguró que por medio de un mapeo se logró establecer que la explotación infantil se presenta principalmente en las comunas 5, 6, 8, 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 21 y en el centro de la ciudad.

La preocupación por la mendicidad en estos momentos radica, en que según la Iglesia Católica, los padres de los niños, los mandan a pedir dinero en los semáforos de la ciudad, utilizando esto como una estrategia que genera impacto en los caleños para poder lucrarse, modalidad que se presenta especialmente alrededor de la zona de la Terminal de Transporte de la ciudad.

“Hemos detectado que hay un grupo de niños alrededor de la terminal, que han caído en un estado de mendicidad. Nos hemos acercado a sus padres y les hemos preguntado que si quieren ir a alguna fundación o ir a otras ciudades y ellos no han querido aceptar este tipo de ayuda. Entonces nos preocupa saber porque siguen ahí, exponiendo a estos niños a estas temperaturas y pensamos que se estaría sometiendo a niños, a trata de personas o a trabajo infantil”, aseguró el Padre Francisco Leudo, director de la Pastoral Social.

Incluso esta situación de mendicidad que están protagonizando los menores de edad en el sector de la Terminal de la ciudad, ya había sido manifestada anteriormente por el jefe de seguridad de ‘Mi Terminal Cali’, Javier Perea, quien señalo que por medio de las cámaras de vigilancias se han detectado a niños deambulando al interior del lugar pidiendo dinero a los viajeros y trasportadores.

 “Al abordar a estos niños ellos aseguraron que sus papás los están enviando solos desde el andén que está al frente de la terminal, sobre la calle 30, para que consigan dinero”, dijo Perea.

Otra de las preocupaciones que tienen las autoridades frente a este tema, son los casos de “alquiler” de niños, utilizados también para la mendicidad. Los resultados de las investigaciones realizadas el municipio, apuntan a que en sitios específicos de la ciudad y en determinadas fechas, este flagelo a la infancia se presenta con mayor intensidad.

Héctor Hugo Montoya, personero de Cali, aseguró que esta modalidad corresponde a explotación infantil: “El tema es delicado, ya que algunas madres se prestan para alquilarlos en temporadas, por ejemplo, cuando llega la fecha escolar, cuando las familias compran los útiles, colocan a estos niños cerca a los centros comerciales y semáforos”. La intención de las personas que “alquilan” a los infantes y a los bebés de brazos es, mediante la lástima que puedan provocar los niños en la calle, generar ingresos.

Esta problemática ya se encuentra en manos del municipio que está llevando a cabo diferentes estrategias para mitigarla.

“Vamos a realizar 100 jornadas de sensibilización y protección para que la gente no de limosna en los semáforos y no le compren productos a los menores de edad. Esto está catalogado por Unicef como una de las peores formas de explotación. Los niños se ven expuestos a situaciones no aptos para su desarrollo y garantía de sus derechos. También haremos un foro ciudadano para llegar a la raíz de este tipo de flagelos”, precisó la vocera.

Las jornadas anteriormente mencionadas se realizarán en las comunas 4, 5, 8, 9, 11, 13, 14, 15, 16, 17, 18 y 21.

La situación de los migrantes venezolanos no es la única razón por la que la mendicidad aumenta en las calles, pues antes de que las personas del vecino país llegaran a la ciudad, ocurría lo mismo con los Indígenas Embera, quienes se ubicaban especialmente en la zona céntrica de la ciudad, con niños que junto a su madre a pedían limosna, en la mayoría de los casos estas mujeres estaban acompañadas hasta de 5 niños.

La mendicidad en la ciudad se presenta principalmente en las zonas de los semáforos y en el transporte de servicio público, especialmente en el MIO, donde adultos, jóvenes y niños encuentran la oportunidad para proceder a mendigar, sin embargo, hay quienes se dedican a las ventas ambulantes, convirtiendo los buses del Masivo en una galería, agradable para alguno y desagradable para otros tantos.

“La situación en los buses es preocupante, anteriormente en un viaje solo se subía una o dos personas a vender sus productos o a pedir limosna y era algo que se toleraba, pero ahora en cada parada del bus se suben hasta tres y muchas veces se han generado problemas entre ellos, entonces no es una situación cómoda para uno como pasajero, incluso a veces ciertas personas se suben con la intención de adueñarse de lo ajeno”, comentó Anderson López, habitante de la ciudad.

Sin embargo, hay quienes siguen apoyando esta modalidad de empleo que han adoptados un gran número de personas, que quizá es la mejor forma de generar plata, pues según Marta Contreras, habitante de la ciudad, “les colaboro porque me da mucho pesar que tengan que vivir situaciones así, me pongo en sus zapatos y no me parece justo.

 

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