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Deportes

James Rodríguez: siempre sensacional y oportuno con la Selección

Tenía que ser James. Destrabó un partido que no tenía salida. Abrió el boquete con un pase armado que solo le cabe a él. Alzó la pelota como con la mano para el matador Duván, que siempre está, y ahora más que será titular por siempre.

James siempre desconoció la realidad líquida, esa que profesaba hasta hace poco el polaco Bauman, la que contaba del mundo precario, de la incertidumbre, porque hoy se vive en un mundo obligado a tomar decisiones, pero cada vez tenemos menos capacidad de hacerlo. Y él, James, hizo caso omiso a eso. Raro. Pero es que los genios son raros, ‘cusumbosolos’, que no pierden el tiempo.

Nadie mejor que él para decidir. Digan un partido que no haya decidido. No lo hallarán. Nunca antes un jugador de esta tierra viajó en las libertades y la comodidad de disfrutar de los beneficios del talento. Bueno, hay algunos, como Asprilla, Valderrama, Wilington, pero eran otros tiempos, otras decisiones que hoy no caben en la incertidumbre.

Él es como esos venecianos navegantes que descubrían mundos, a lo Marco Polo. Piensa como ellos: querer hacer lo que se quiera sin que nadie opine. Y le opinan, que es peor. Cuando uno decide, opinan, entonces por qué no deciden los que opinan. Porque no lo saben hacer.

Cuando antes había más espacio para la imaginación, este James rompió el paradigma. Lo hizo a su modo, sin aprendizaje, solo por instinto. James no viaja entre lo líquido o lo gaseoso, sino que representa lo sólido del fútbol. Se supo desde niño cuando en esos Pony Fútbol de Medellín con 9, 10 años, tenía que decidir por él y por los demás. Y él lo sabía, como queriendo contrariar a Chomsky, cuya gente ya no cree en los hechos. Y todo era real.

James juega a lo James, ha dicho Menotti. Traducir eso es un improperio, entonces sigamos. Yo no me imagino a Guardiola diciéndole a Messi cómo jugar. Y si lo ha hecho qué le habrá dicho. Tal vez sandeces. Porque para alguien que en verdad tenga imaginación hay que dejarlo que haga lo que quiera. Seguro que es al servicio de la humanidad. Conocemos la imaginación gracias a Pelé, a Maradona, a Di Stefano. Eso es sólido. Eso era Da Vinci para no ir muy lejos.

Cuando se va a Google, este jugador tiene más de 162 millones de respuestas, más réplicas que Cristiano. Seguro que dentro de 30 años nos acordaremos de James y no del portugués. James parece un pensador de la Ilustración que sostiene que el conocimiento humano puede combatir la ignorancia y así construir un mundo mejor. Su afán no es la superstición. Solo juega al fútbol.

Lo hace en el Bayern Múnich, un equipo de alemanes poderosos y ajustados a la regla. Lo mejor es que lo dejan imaginar. Y es que a los ‘crack’ no se les puede encasillar porque se aburren, mueren de tedio. Schopenhauer, que pensaba hasta el final, planteaba el tedio a la altura del dolor. Es decir, la muerte misma. Estos genios a veces se retiran antes de tiempo porque creen que la imaginación se acaba cuando es el cuerpo el que no rinde.

Comandó una Selección a ser quinta del mundo en Brasil 2014, le hizo un gol a Uruguay que seguro con el tiempo será el más grande de la historia de los mundiales y fue Botín de Oro por sus seis anotaciones. Él es como esos vals de Agustín Lara que dicen que “solo entregan el alma una vez nada más”. Y eso ocurre en cada partido cuando la realidad líquida se vuelve sólida.

 

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