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Economía

Fracking, a la espera de los pilotos

El año pasado para Ecopetrol, la primera compañía de petróleos de Colombia, fue muy bueno; reportó una utilidad neta de 13,3 billones de pesos y un EBITDA de 31,1 billones, los resultados financieros más altos de los últimos seis años.

 Un cuidado minucioso sobre el capital, protección de caja, fortalecimiento de la producción y una gran lectura en los movimientos de los precios del crudo incidieron en la consolidación de esos resultados. No obstante, Colombia no cuenta con los niveles suficientes de reservas petroleras y solo sería autosuficiente por los próximos cinco o siete años.

Por allá, en el 2012, la palabra fracking empezaba a hacer ruido en Colombia. La fracturación hidráulica en zonas no convencionales, en busca de petróleo, pasaba a ser tema de debates, ocho años después sigue sin llevarse a cabo esta práctica. Aunque para este 2020 se tenían previstos los primeros programas pilotos.

Desde el 2018 el Consejo de Estado suspendió el fracking en Colombia, lo que dejó en el limbo los programas pilotos que estaban por realizarse y determinar el impacto de esta práctica en el país. La decisión llenó de euforia a los ambientalistas, pero preocupó a los economistas por las consecuencias sobre la economía y las finanzas públicas.

La fracturación o estimulación hidráulica, conocida como fracking por su definición en inglés, es una técnica de extracción de hidrocarburos situados en el subsuelo en zonas no convencionales; la fracturación se hace a una profundidad aproximada de  de 2.700 metros; la perforación y el contacto con los carburantes se trabaja de forma horizontal, se inyecta una considerable cantidad de agua a presión mezclada con arena y químicos para fracturar la roca y expulsar los hidrocarburos hacia la superficie.

Esta técnica solo puede realizarse en zonas no convencionales, es decir, aquellas que concentran grandes cantidades de hidrocarburos que no han migrado de la roca madre o, del subsuelo, por lo que precisa de una fracturación para su extracción. En las zonas convencionales, por el contrario, los gases han migrado del subsuelo hacia fracturas geográficas y salen a la superficie por la presión en la que se encontraban.

Colombia dispone de zonas no convencionales con suficiente cantidad de hidrocarburos que podrían incrementar la producción de petróleo hasta tres veces de lo que se produce en la actualidad.

“En la zona del Magdalena Medio, llamada La Formación Luna, si se hace fracking, la producción podría subir de dos millones de barriles por año a seis o siete millones. Estaríamos hablando de un aumento de hasta tres veces la cantidad actual”, comentaba Roberto Ortiz, economista y docente de la universidad Cooperativa de Cali.

Suena tentador conocer cuál es el potencial de Colombia en materia de hidrocarburos, pero se desconocen las consecuencias que podría traer consigo la práctica del fracking y está de por medio la fuerte oposición que ejercen los ambientalistas y diversos sectores del país.

En primer lugar preocupa el consumo y la contaminación del agua, expertos afirman que se malgasta una cantidad considerable o que se contaminarían los acuíferos aledaños; el agua que se utiliza para una fracturación oscila entre los 2,5 y 2,7 millones de litros, equivalente, más o menos, a media piscina olímpica, no parece una cantidad alarmante, pero podría generar complicaciones en lugares donde los recursos hídricos son limitados.

El año pasado la Comisión de Expertos sobre el fracking, creada por el Gobierno, señaló que el 60 por ciento del agua en la perforación horizontal regresa a la superficie y puede ser reutilizada en la fracturación de otro pozo.

También se teme por la contaminación del agua debido a los químicos que se utilizan. Según un informe hecho por la Universidad de los Andes, el 99,5 por ciento es agua y propante (básicamente arena que ayuda a la fracturación de la roca y a la normal circulación de los hidrocarburos) y un 0,5 por ciento de aditivos químicos.  En cuanto a la posibilidad de contaminar las aguas subterráneas de consumo humano, la fracturación tiene una profundidad por lo regular de 2.500 a 2.700 metros, algo así como tres veces la altura del Burj Khalifa, el edificio más grande del mundo; al parecer, sería poco probable una contaminación cruzada al tener casi  1,5 kilómetros de distancia entre las aguas y la zona de fracturación.

Existen antecedentes de contaminación de aguas durante la práctica, pero lo que se ha documentado es por fallas en los pozos, o por un mal recubrimiento de las tuberías; no existen los casos de que la contaminación sea producida por la fracturación directa.

Por último, el aumento de la sismicidad es otro de los señalamientos que pesan sobre el fracking; el año pasado en el Reino Unido se canceló esta práctica ante la imposibilidad de predecir sismos, luego de sufrir uno en agosto del 2019.

Según Sergio Cabrales, ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, “los sismos son producidos porque la fracturación hidráulica se hace cerca, o sobre fallas geológicas inestables”, en otras palabras, al momento de fracturar cerca de una falla esta reacciona al aumento de energía mediante pequeños sismos.

Según el informe de la Comisión de Expertos, la solución más básica sería alejar la fracturación de las fallas geológicas y estar en constante revisión del proceso y, en caso de sismo, suspender todo tipo de práctica. Una decisión muy osada por las fallas geológicas que rodean La Formación de la Luna en el Magdalena Medio, lugar pactado para el primer programa piloto de Fracking.

En Colombia se encuentra suspendido el inicio de los programas piloto de la fracturación hidráulica de forma temporal. El Consejo de Estado se encuentra a la espera del último informe de la Comisión de Expertos donde se garantice la viabilidad de esta práctica en términos ambientales.

El Gobierno deberá cumplir con ocho condiciones antes de iniciar cualquier piloto en temas de transparencia, veeduría, información actualizada, mecanismos de participación y reglamentación.

El fracking podría aumentar de forma considerable las reservas de petróleo hasta por 20 años y las de gas permitirían una sostenibilidad por 50 años.

Si no se hacen los revestimientos adecuados en los pozos, ni los estudios geográficos necesarios, Colombia podría sufrir calamidades ambientales de gran magnitud como contaminación de aguas, sismicidad inducida, daños en los ecosistemas.

Este sería el fin principal de los programas pilotos, llevar a la práctica toda la teoría científica ya comprobada y conocer si Colombia está en condiciones de ejercer o no una práctica como el fracking, un término que aún no brinda la suficiente confianza.

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