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Cali

En peligro, biblioteca con vista inigualable de Cali

Una terraza con vista a Cali es un lugar aparentemente muy tranquilo para estar con sus amigos, familiares, leer un libro y más si hace parte de una biblioteca que funciona para la comunidad; pero este no es el caso del Centro Cultural de la comuna 18.

Esta biblioteca queda ubicada en el sur de Cali, específicamente en el barrio Alto Jordán, donde existe con el fin de beneficiar a la comunidad caleña con múltiples actividades, tanto artísticas, como culturales.

Un espacio que es aprovechado durante el día por jóvenes de bajos recursos que no disponen de computadores y encuentran aquí un lugar de desarrollo para lograr realizar sus tareas e investigaciones.

En este espacio transcurren en el día aproximadamente 600 personas, cuenta con computadores, salas de estar, libros tanto para niños, como para adultos, también para investigación.

La primera fase del Centro Cultural fue inaugurada en 2007, contaba con tres salones, uno para la lectura infantil, otra para investigaciones y lecturas juveniles, por último, el tercer salón funcionaba como espacio para ensayos de baile, actividades lúdicas, entre otras.

La segunda fase fue inaugurada en 2015, a este lugar se trasladaron todas las actividades de recreación como lo son grupos musicales, clases instrumentales, clases de baile y canto.

Para que las personas puedan tener libre acceso a la biblioteca solo deben sacar una ´llave del saber´; la manera de obtenerla es fácil, llevan hasta las instalaciones una fotocopia del recibo de los servicios y del documento de identidad y automáticamente pone la llave del saber con sus datos para poder tener acceso a cualquier parte de la sede.

Sin embargo, a partir de las 6:00 p. m. todo se empieza a tornar poco agradable, más explícitamente en la terraza de dicha biblioteca, pues algunos jóvenes, al ver este lugar despejado y oscuro, se ubican ahí para consumir drogas. “Al principio solo eran unos cuantos que lo hacían, pero no se dejaban pillar”, afirmó el expresidente de la Unta de Acción Comunal, JAC, Jorge Absalón.

El problema empezó siendo pequeño, pero con el pasar del tiempo ha aumentado debido a las influencias de los mismos jóvenes, ahora no ocultan que consumen drogas y se han vuelto visibles para la comunidad, aterrándola con el descaro que tienen; la mayoría de ellos están entre los 12 y 23 años.

Empiezan una vida de vicio desde muy temprana edad, los padres de los niños no se dan cuenta de la magnitud del problema o simplemente no se interesan por ellos.

Los adultos residentes de las viviendas aledañas al Centro Cultural llevan pidiendo más de un año atención de la policía del cuadrante, para que se eviten este tipo de situaciones que exponen a la comunidad al peligro.

Son alrededor de 200 viviendas estrato 2 donde viven familias numerosas, aproximadamente más de 5 personas por casa, son personas del común, un poco humildes, sin embargo, aparentemente tienen lo necesario para vivir.

Estas familias temen que sus hijos, sobrinos o familiares que están entre edades de 12 y 23 años sigan el ejemplo con el que viven cada día, pero lo que mas les preocupa es que las autoridades, al llegar a este lugar, lo único que hacen es espantar a los jóvenes solo por los minutos que permanecen ahí, sin requisarlos.

La biblioteca no hace nada al respecto, los guardas son solo de puertas para adentro. “Si las autoridades no hacen nada al respecto, estos jóvenes van a seguir consumiendo drogas y esto lleva a que, Dios no lo quiera, empiecen a delinquir en el mismo sector y nosotros seremos los perjudicados”, afirma Gloria Morales, habitante del sector.

“Al ser un centro cultural que brinda ayuda a los niños, jóvenes y adultos mayores, ¿por qué no hacen nada al respecto y siguen dejando que estos delincuentes se hagan ahí?, deberían de ponerles una reja o algo para que eviten su paso”, expresó con indignación Mario Zapata, quien habita en una casa enseguida del Centro Cultural.

La comunidad al ver que siguen sin respuesta de las autoridades, ha decidido realizar actividades como recoger fondos para la compra de cámaras de seguridad, para evitar que se siga fomentando el consumo de drogas que llevan a otro tipo de actos delincuenciales e incluso vandálicos.

“La misma comunidad se ha puesto en la tarea de crear frentes de vigilancia para detectar el microtráfico de drogas, también por algunas experiencias de otros vecinos, creen que estos jóvenes tienen mucho que ver en el robo de algunas motos del sector”, mencionó Yenny Ararat, postulada a la JAC.

En la terraza del Centro Cultural también ha empezado a llegar gente que ni siquiera es del barrio, son personas totalmente ajenas, que se ubican ahí, con el fin de expender e incitar el consumo de sustancias.

Algunos vecinos han intentado acercarse a hablar con ellos de manera pacífica y en buenos términos, con el fin de solicitarles que se retiren y que no les den mal ejemplo a los niños, sin embargo, esto no ha sido posible, puesto que los jóvenes se justifican  y dicen que el espacio es libre, según los mismos residentes.

También, sostienen que las autoridades nunca les han dicho nada, porque estas además aclaran que nadie tiene pruebas de que ellos están haciendo algo ilegal o que afecte a la comunidad.

“Esto ha afectado tanto a la biblioteca porque se ve el deterioro del entorno, hacen grafitis, se ve sucio y no dan ganas de entrar en ese lugar”, expresó con desagrado Lorena Nazarid, habitante del sector.

Pero aparentemente la culpa no solo la tienen los jóvenes, sino los mismos dueños de las casas en el sector, pues aclaran que varios propietarios no se están fijando a quienes les alquilan las viviendas, fomentando así que los jóvenes recién llegados se sumen a este acto delincuencial.

“A veces salgo tarde de la biblioteca porque me demoro haciendo mis tareas y en muchas ocasiones me he topado con esos muchachos que se ven muy raros y peligrosos, siento miedo de que me puedan robar o hacer algo si salgo muy tarde de ahí”, expresó un joven menor de edad cuya identidad se reserva por ley.

También evitan hacer denuncias porque creen que afectan su integridad al dejar en descubierto la fuente, creando así desconfianza por parte de la policía.

Se intentó hablar con la policía del cuadrante, pero mencionaron que no están autorizados para dar información al respecto.

Por otro lado, el Centro Cultural tampoco accedió a responder las dudas que tiene la comunidad, pues dicen que son respuestas a preguntas que se les sale de las manos. La administración de la biblioteca ni siquiera aceptó una entrevista, solo evadían las preguntas.

Los habitantes de esta zona aún esperan resultados por parte de las autoridades, para que puedan respirar un aire más tranquilo y de esta manera se acabe la pesadilla que están viviendo a merced de estos jóvenes.

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