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Informe Especial

En los ancianatos de Cali extrañan los abrazos

Y aunque me esté quedando sordo
Y aunque me esté quedando ciego
Y aunque me esté quedando mudo
Te haré saber que te quiero

Aunque yo ya me encuentre viejo
aunque esté triste o contento
Te haré saber de cualquier modo
Que estarás en mis adentros,

Sabrás, esta canción de Herencia de Timbiquí, la interpretaron a finales del año pasado en el ‘Centro Vida’ del barrio Antonio Nariño, ubicado al oriente de Cali, y el video se lo enviaron al grupo musical. “Ustedes son nuestros maestros”, les respondieron los artistas a los adultos mayores quienes, antes de la pandemia, de concentraban en estos ‘Centros’, sin sospechar que un virus les cambiaría la vida y que la letra de esa canción casi que sería premonitoria.

Mucho se ha hablado de los cuidados especiales que se deben tener con las personas mayores de 70 años en medio de esta emergencia sanitaria generada por el covid-19; según los estudios médicos, una población muy vulnerable al virus. El Gobierno Nacional ha insistido en el distanciamiento social y después de más de dos meses de aislamiento preventivo, se les permitirá salir por algunas horas. Pero en medio de tanta medida, los ancianatos no la pasan nada fácil.

En Cali existen alrededor de 165 hogares de cuidado para adultos mayores, la mayoría de ellos son entidades privadas que dependen de las mensualidades para su funcionamiento. Sin embargo, existe una minoría de carácter comunitario que subiste por medio de donaciones y aunque la alcaldía de Cali y la gobernación del Valle les han repartido algunos mercados, no son suficientes.

“Nosotros subsistimos de donaciones. Nos hemos visto afectados porque debemos cumplir con el pago de salarios, de servicios públicos, entre otras obligaciones, y con esta situación muchas de las personas que nos apoyaban se han quedado sin trabajo, o los salarios han disminuido. Gracias a Dios, hasta el momento, podemos seguir operando”, dijo Leonardo González, administrador de la Fundación Asilo de Abuelos (FUNDASAB), ubicada en el barrio Marroquín I, al oriente de Cali.

Algunos asilos continúan abiertos bajo la supervisión de la secretaría de Salud.

“Estamos haciendo un apadrinamiento, tenemos personas responsables de cada una de estas instituciones, lo cual nos ha permitido tener una información oportuna”, dijo Miyerlandi Torres, secretaria de Salud de Cali.

En Cali operan diversos ancianatos bajo la modalidad de albergue, o internado, instituciones que prestan servicios de cuidados especiales. Pero, también existen lugares comunitarios que, si bien no internan a las personas, trabajaban a diario; prestan el servicio de alimentación y de actividades motrices y sociales, sobre todo, a personas en situación de calle, o de abandono. Este tipo de lugares han tenido que cerrar, de forma temporal, sus puertas y muchas personas vulnerables han quedados desamparadas.

También están los ‘Centros Vida’, un proyecto gratuito de la gobernación del Valle, que operan en las comunas 7, 20 y la 16. El programa, que brinda acompañamiento diario a los adultos, cuenta con profesionales en enfermería, nutrición, sicología, trabajo social, gerontología y fisioterapia que garantiza la alimentación, actividades físicas, productivas, de salud mental, recreación cultural, así como los vínculos intergeneracionales para aprender habilidades tecnológicas.

“Para un adulto estar encerrado es bastante complejo porque para ellos salir, caminar, ir al parque, encontrarse con sus otros compañeros, hace parte de su vida y quitarle eso ha afectado un poco su salud mental y su interacción familiar”, señaló una trabajadora social.

“Para ellos, el ‘Centro’ es su espacio de encuentro, en el que estaban con sus compañeros, del equipo social, del grupo que estaba en la parte de arte y cultura, el de emprendimiento. Para ellos era muy importante volver de nuevo, a reencontrarnos, pero a raíz de la situación de la pandemia -se considera que nuestros adultos mayores son el grupo con mayor vulnerabilidad por las enfermedades de base como hipertensión, diabetes – se tomó la decisión de suspender los Centros”, explicó una de las trabajadoras sociales de los ‘Centros Vida’.

La pandemia también causa otra afectación a este grupo poblacional. Desde que se decretó el aislamiento para los mayores de 70 años ha crecido la vulneración de sus derechos y el abandono. En algunos casos, ha provocado que ellos se deban quedar solos en sus casas, pierdan la rutina de actividades motrices y sociales, algunas terapéuticas y, en el caso de los albergues, o internados, sientan que sus familiares los abandonaron y empiecen a sufrir de enfermedades mentales.

“La mayoría de las personas que atendemos no tienen familia, eran habitantes de calle, o quedaron en situación de abandono. Solo hay unos pocos que tienen familia, pero, igual, ellos peguntan por qué ya no los visitan, o por qué ya no les hacen las actividades”, dijo González, administrador de FUNDASAB.

Frente a esta situación algunas instituciones han tenido que reinventarse para poder tener contacto con estas personas mayores.

“A través de llamadas hemos tenido oportunidad de comunicarnos con algunos, con los que tienen teléfono porque algunos no tienen, pero sus familiares ayudan, o les enviamos audios positivos diciéndoles que pronto vamos a estar juntos. Tengo un paciente que se puso a llorar cuando me escuchó y me dijo que no lo abandonara y que, por favor, siguiera con el programa”, contó la trabajadora social.

La alcaldía de Cali y la gobernación del Valle han implementado actividades y acompañamiento en redes sociales, en aplicaciones como Zoom y por medio del canal regional de televisión Telepacífico.

Una dificultad es que muchos no cuentan con un celular y otros, así tengan uno, no son hábiles en su manejo y otros tienen problemas auditivos, o visuales.

La Fundación Asilo de Abuelos emprendió una campaña en redes sociales: #AbrazosVirtuales que consiste en enviar videos con mensajes positivos y de apoyo a los mayores para recordarles que no están solos y darles un momento de alegría. Los administradores organizan un día, parecido a una noche de cine, para mostrarle los videos a los 33 adultos mayores que albergan y todo es trasmitido en vivo por sus redes sociales. Para más información ingrese a la página fundacionasilodeabuelos.com o comuníquese al número +57 317 7699307.

“La Alcaldía y la Gobernación nos ha ayudado con alimentos, pero no todas las necesidades que tiene la Fundación son alimenticias; hemos estado recibiendo implementos de aseo como alcohol, detergente, jabón, entre otros”, dijo el administrador de FUNDASAB.

Las medidas de la secretaria de Salud Municipal, frente al cuidado de los ancianatos, se han reforzado debido a que esta semana se conoció que había personas contagiadas en el hogar para adultos mayores Fundación Casa de Dios ubicada en el barrio Petecuy, al oriente de la ciudad.

“Tenemos alrededor de 12 abuelitos ya infectados, quienes han sido retirados del instituto y están en un centro de salud bajo vigilancia estricta. El hogar ya fue desinfectado y las personas que permanecen en este pasaron por tamizajes y pruebas de covid-19, estamos esperando los resultados. Por ahora, se les hace seguimiento a las personas que están en ese lugar”, dijo la secretaria de Salud de Cali.

Hasta el momento se desconoce cómo se dio el contagio y se sospecha que pudo haber sido por un colaborador. En este hogar aún permanecen 13 adultos mayores, por lo que el personero Municipal, Harold André Cortés, explico que “es necesario que activen los protocolos establecidos por el Gobierno Nacional para proteger la vida e integridad de estos adultos mayores y de los que se encuentran en otros hogares como estos”.

Desde que se dio a conocer la noticia del contagio en la Fundación Casa de Dios los ancianatos han reforzado aún más las medidas de protección y bioseguridad de sus pacientes y trabajadores.

“Las personas que entren se tienen que cambiar de ropa y de zapatos, tienen que lavarse las manos constantemente, usar tapabocas, evitar los abrazos y las expresiones. Además, solo pueden ingresar los trabajadores”, explicó González.

Los trabajadores de Centro Vida recuerdan con nostalgia los momentos que pasaron con sus pacientes y lo mucho que extrañan poder estar con ellos.

“Una cosa que tienen los adultos es que tú llegas y lo primero que hacen es abrazarte y te dicen que – Dios me la bendiga, me la proteja- tus sales súper recargada; yo salía con 50 bendiciones. Ellos te generan mucha tranquilidad y felicidad”, dijo la trabajadora social de Centro Vida.

 

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