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Crónica

El policía poeta, entre versos y normas

En la plaza de Caicedo, trabaja un hombre de mediana estatura, con cara amable y sonrisa siempre dispuesta para que propios y foráneos se acerquen. Conoce los secretos y tesoros que compone la cultura caleña y a través de sus versos, expresa su pasión por la poesía y el arte. Pero no es historiador; es policía y poeta.

En medio del gris del pavimento, de las verdes palmeras que se pavonean de lado a lado con la brisa propia de esta sucursal y las grandes edificaciones de color marfil representativas de la sociedad vallecaucana. Allí, bajo todo esto, está Andrés Felipe Córdoba, un oficial de policía de 31 años, quien tiene un historial de más de 30 poemas a su nombre, con los cuales ha tenido participaciones en varios concursos literarios y una percepción de la realidad.

Aunque no reconoce un momento específico en el que haya nacido o descubierto su talento para la poesía, Córdoba recuerda que desde pequeño el arte le llamó la atención.

En una sociedad con fuertes rasgos machistas y en una institución como la Policía Nacional, en el cual hay predominancia masculina y se forma a sus miembros con mano fuerte, los juicios de valor no se hicieron esperar. Sin embargo, con una sonrisa en la cara defiende que al ser humano, no se le puede retirar de su esencia, la parte espiritual que nos permite desarrollar estos talentos.

Su mirada hacia la Policía es como una “manada agreste”, pero el ser fiel a sus principios. Asimismo, le ha hecho aprender a vivir en medio de ese ambiente. “Podemos tener una armadura o un uniforme, pero la sensibilidad y mi gusto hacia la poesía es único y siempre ha existido”, señala. Córdoba le gusta Saramago, Neruda, Miguel Enrique Arciniegas, entre otros.

Ahora bien, cuando piensa en arte, los ojos se le encienden a este cartagüeño que respira poesía, que piensa en plural al escuchar la palabra paz y que cree fervientemente que no hay otra manera de construir un mejor país sino es a través de la vida que trasmite el arte.

“Siempre voy a la reconciliación, pienso que de nada nos sirve tener un estante lleno de libros. Estoy en contra de aquellos que no hacen sino presumir sus cosas materiales y no tienen nada en su mente, esto es indignante”, dice. Y añade: “si nos vamos a tiempos de posconflicto pienso que en lo poco y nada que sé, usaría la frase de Sócrates: ‘El que nada lo sea ante su interlocutor es”.

Sin embargo, esto refleja es una humildad en el conocimiento. “Hay que respetar a las personas como piensan, como actúan y en lo posible si se pasan, enseñarles por qué se pasan”, afirma Córdoba, de manera entusiasta.

Tratar de impregnar en los demás ciudadanos este tipo de cultura, pero es difícil, asegura. Pero hace lo propio en compañía de grupos como ‘cazadores de libros’ para incentivar así la cultura y transformar la labor como oficiales, para que no solamente se dediquen a entregar folletos y a dar información sino a formar un cambio, en el paradigma que se tiene del centro como lugar inseguro.

Aunque él mismo, es ejemplo de una gran muestra de cómo se puede impactar la sociedad de manera positiva en medio del postconflicto, es de orgullo que proyectos como ‘La Poli lee’ busca que la lectura llegue a los barrios, a las comunas, a los parques para que las personas puedan interactuar, preguntar y ver en el policía, esa fuente de conocimiento que se comparte y construye.

Es así como en medio de versos y normas por cumplir se desenvuelve la vida, de este modo tan simple y tan sencillo, una persona más hace de la cotidianidad grandeza y enseña que un verdadero hombre es capaz de cambiar su realidad si ama lo que hace.

 

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