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Opinión

El Paro Nacional del 21: hechos, razones, motivos y circunstancias

En el Paro Nacional programado para el 21 de noviembre confluyen toda suerte de hechos, razones, motivos y circunstancias que le dan un carácter especial. El cómo transcurran las manifestaciones y la atención que el gobierno central preste a los legítimos reclamos de los sectores que protestarán, muy seguramente aportarán al clima político que se avecina para el país en las elecciones presidenciales de 2022.  Ya en las regionales del 27 de octubre el “partido” de gobierno, el Centro Democrático (CD) y su máximo “líder”, Álvaro Uribe Vélez, recibieron una paliza sin precedentes en su reciente historia política. El declive del capataz antioqueño parece irreversible.

Inicio con las circunstancias contextuales. Quizás el elemento más importante y estratégico en el contexto nacional sea el proceso de implementación del Acuerdo de Paz firmado entre el Estado y la entonces guerrilla de las Farc, hoy convertida en partido político. Acompaña a este factor los sistemáticos ataques que desde el Gobierno de Iván Duque y la bancada del Centro Democrático en el Congreso, se vienen haciendo contra las actividades conducentes a consolidar una paz estable y duradera.

A la lenta implementación del Acuerdo de Paz se suman los asesinatos de por los menos 169 excombatientes de las antiguas Farc, los más de 400 líderes y lideresas sociales, ambientales y defensores de los derechos humanos ultimados desde 2016; de igual forma, hay que agregar los más de 125 indígenas asesinados desde que llegó a la Casa de Nariño el ungido de Uribe Vélez. Y en particular, la más reciente masacre en el norte del Cauca, en la que es asesinada por narcosicarios, la gobernadora Bautista. No se puede dejar por fuera la masacre de los 8 menores perpetrada por el Ejército, a través de un bombardeo supuestamente de un campamento de las disidencias de las Farc; por este asunto, y por la presión de varios partidos en el Senado, finalmente renunció el ladino ministro de la Defensa, Guillermo Botero, por una probada perfidia de sus hombres bajo su mando.

Estamos, pues, ante unas circunstancias de carácter político que hacen pensar que el país retrocedió en materia de orden público, si se compara con las vividas durante el segundo mandado de Juan Manuel Santos y la ilusión de alcanzar la paz que nos dejó el artífice de la negociación política con la hoy extinta guerrilla de las Farc.

Otro elemento contextual clave es la débil o casi nula gobernabilidad de Iván Duque. Capacidad de maniobra que se torna frágil porque los distintos operadores políticos que confluyen en la maltrecha Unidad Nacional en el Congreso, advierten ya la falta de criterio, la inexperiencia, la estulticia, pero sobre todo, la dependencia del presidente Duque de lo que digan, piensen, recomienden y ordenen el expresidente Uribe y el banquero Sarmiento Angulo en materia de política económica.

No es gratuito que en redes sociales, círculos académicos y líderes de opinión hablen de Duque como el subpresidente, o el títere de Uribe. En ese mismo sentido ya la prensa internacional dejó varios titulares para la historia.

Pero hay otras razones para marchar y protestar este 21 de noviembre. Y estas tienen que tienen que ver con proyectos o ideas de reformas laborales y pensionales que echaron a andar agentes económicos de la sociedad civil y que claramente terminarán por pauperizar aun más la vida de los trabajadores y limitar las aspiraciones de millones de colombianos que anhelan obtener una pensión digna.

Baste con recordar lo que dijo el ministro Carrasquilla: “los colombianos se pensionarán de acuerdo con lo que ahorren”. La lapidaria frase recoge lo que será el sentido de las reformas laboral y pensional que el gobierno de Duque presentará al Congreso en el 2020.

En el diario Portafolio se registró así el asunto: “eliminar el régimen de prima media y aumentar la tasa de cotización de forma gradual son las dos ‘bombas’ de la reforma pensional que presentaría al Congreso el gobierno de Iván Duque después de las elecciones regionales…”[1]

Mientras se secaba la tinta de esta columna, los medios masivos registraban como noticia las declaraciones del presidente de la República, con las que buscaba deslegitimar el Paro Nacional. Para hacerlo, dijo, con una vehemencia poco convincente, que era mentira que el gobierno estuviera buscando aplicar reformas lesivas en lo laboral y pensional. De igual manera, quiso desmentir la idea que circula que se intentará bajar el salario mínimo. Eso sí, lo que calla el jefe del Estado colombiano es que esas ideas-propuestas salieron de agentes económicos de la sociedad civil, a las que el presidente terminará por hacerles caso, pues su llegada al Solio de Bolívar se debió a los cuantiosos aportes de los gremios económicos (el 66% de los aportes a su campaña los hizo el banquero Sarmiento Angulo). Lo que dijo su ministro de Hacienda se explica porque este también es el mandadero del gran banquero y de los gremios económicos.

A esa circunstancia económica se suma “la pérdida de por lo menos 187.500 mil empleos y el aumento del desempleo. Solo en el mes de agosto, en sectores de la industria y la agricultura se destruyeron más de 569 mil empleos[2].

Lo cierto es que se advierte un enorme rechazo y cansancio en las clases medias informadas, en relación y frente a lo que se conoce como el uribismo. Los resultados electorales de la contienda política del 27 de octubre, en lugar de obligar a ese sector de poder a morigerar su discurso, a reconocer el estancamiento de la economía, y a reorientar políticamente las actuaciones del gobierno central, insisten en profundizar el modelo neoliberal y por esa vía, cumplir a pie juntillas las recetas impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en materia fiscal y las exigencias de la OCDE.

Pareciera que al uribismo y al propio presidente Duque no les preocupara lo que viene sucediendo en Chile y lo que aconteció en Ecuador. En Colombia hace rato el modelo económico y político viene generando condiciones crecientes de crispación social que de no atenderse a tiempo y como se debe, podrían llevar al país a vivir escenas como las que se viven aún en el país austral, como las vividas en la hermana república ecuatoriana.

Para atizar más la crispación política, de manera irresponsable el sub judice senador de la República, Álvaro Uribe Vélez señaló que los líderes y aupadores del Paro Nacional del 21 de noviembre están conectados y alineados con el Foro de Sao Paulo con el que se busca desestabilizar la democracia en AL y en particular, a bloquear al gobierno de Iván Duque. Hace unos años, el fantasma que se inventaron fue el “castrochavismo” y ahora, es el “Foro de Sao Paulo y unos anarquistas internacionales”. Sin duda, hay un agotamiento en el discurso, ante los evidentes errores cometidos en el manejo de las finanzas públicas y en la aplicación, sin mayores consideraciones, de las medidas del Consenso de Washington.

Con estos señalamientos, muy seguramente la jornada de protesta programada para el 21 de noviembre, será infiltrada por agentes de Estado, con el fin de generar disturbios y de esa manera, deslegitimar la protesta social. Ya aconteció en el pasado reciente, en las movilizaciones estudiantiles.

Además de lo anterior, lo dicho por el caballista, ganadero y latifundista antioqueño deja al descubierto su particular idea de la democracia y de la protesta social. Baste con recordar cuando Uribe se declaró en “resistencia civil” e invitó a sus seguidores a la “desobediencia civil”, con el fin de protestar y oponerse al tratado de paz firmado durante el gobierno de Santos Calderón. El día de la firma del Acuerdo de Paz en Cartagena, el hijo de Salgar protagonizó singulares episodios de protesta en los alrededores del lugar en donde el país celebraba el fin del conflicto armado con las Farc-Ep. Sin duda, Uribe cree y valora la protesta siempre y cuando sirva a sus particulares y siempre mezquinos intereses.

Y en esa misma dirección lo hizo el entonces congresista, Iván Duque Márquez, quien en su cuenta de twitter invitaba a marchar en contra del gobierno Santos. Y lo hizo, en estos términos, para una marcha convocada para el primero de abril de 2017: “En la marcha del 1 de abril debemos participar quienes creemos que el gobierno está conduciendo mal a Colombia”.

Habrá que esperar cómo transcurran las movilizaciones del 21 de noviembre. Lo cierto es que Duque está gobernando para un sector privilegiado del país. Y en eso, está siguiendo la pauta trazada por su mentor. Y de tanto seguir sus pasos y orientaciones, el presidente se parece cada vez más a Uribe. Con la respuesta dada al periodista de El Heraldo, “de qué me hablas viejo”, no solo ultrajó la memoria de los menores bombardeados por el Ejército en el Caguán, sino que dejó ver su desprecio por el periodista, por el oficio, y su rabia ante la pregunta “impertinente”. Al dejar de dar explicaciones al comunicador, terminó validando la barbarie y negando que se cometió un delito de lesa humanidad y que efectivamente le mintieron al país sobre el operativo.

Esa misma actitud arrogante la ha asumido en varias ocasiones el expresidente Uribe, con su recordada frase “siguiente pregunta, amigo”.   A Duque solo le falta amenazar con “dar en la cara…”.

*Comunicador Social y Politólogo

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