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Cali

El MIO y sus otros males: ventas, cantos e informalidad

Hay unos que cantan y los usuarios les pagan monedas. Hay otros que venden galletas dulces a 1.000 pesos las dos porque funciona de postre al medio día. Y otros más que venden figuras religiosas que buscan incautos en milagros. Todo un mercado persa en el transporte MIO.

Se estima que unas tres personas a diario es retirada por algún organismo de control del MIO.  Entre tanto, unas 50 personas se presentan diariamente en el sistema de transporte MIO promoviendo ventas, intervenciones artísticas o mendicidad, algo no permitido Alcaldía de Cali.

Las estaciones del MIO con mayor frecuencia de vendedores son: Unidad Deportiva, Andrés Sanín, Villacolombia, Petecuy, San Bosco y la estación de policía Fray Damián.

La teniente Lina Hernández, de la Policía Metropolitana de Cali, expresa que en lo corrido de estos últimos tres meses se han confiscado 30 elementos de propiedad de estas personas que fomentan estos actos ilegales por no contar con autorización para su uso. Según cifras de Metrocali, cada semana se evacuan entre 15 a 20 personas por realizar estas prácticas.

Frente a esta problemática fuertes críticas son lanzadas hacia estas personas por ciudadanos como Darío Ruiz, de 68 años, que muestra su oposición ya que culpa a estas personas de la inseguridad presentada en el transporte, por los atracos, las agresiones a los auxiliares de policía y por no pagar el pasaje al colarse en las estaciones.

De igual forma, Miguel Contreras, operario del MIO, considera que darles dinero a quienes desempeñan esta ocupación es una “alcahuetería” ya que cuando se intenta restringirlos, ellos se vuelven agresivos. “Uno de ellos golpeó a uno de mis compañeros en la cabeza con un bafle de esos que llevan cuando le dijo que bajara el volumen”, recuerda.

Así mismo, uno de los funcionarios de la Policía Metropolitana expresa: “Ellos dañan la imagen de la ciudad hacia las personas de afuera, pero no podemos ejercer un control adecuado si las mismas personas son las que propician estos actos, al darles dinero”.

En cambio, jóvenes usuarios del masivo, como Jessica Ortega, de 24 años, toman estas actividades como un trabajo honesto, ya que hoy en día la situación económica está tan difícil que ellos deben buscar su sustento y lo hacen por ese medio.

Cabe anotar que tanto vendedores, cantantes y predicadores son una hermandad, pues todos se conocen. Se pueden alcanzar a reunir unas 50 personas. Jorge Pérez es un músico aficionado de Barranquilla y viaja con un grupo de amigos por todo el país realizando sus presentaciones en el transporte público. “Llevamos dos meses en Cali y me siento a gusto en la ciudad”, asegura.

El músico cuenta que decidió emprender este camino por falta de oportunidades de empleo para financiar su carrera de música, ya que aspira a convertirse en un artista profesional. Los géneros musicales que interpreta son salsa, bachata y baladas.

Daniel Cabezas, de 24 años y vendedor informal de dulces, es desde hace 3 años se dedica a este oficio, proviene de Tumaco y llegó a la ciudad de Cali como desplazado de la violencia y ante la falta de empleo y ayuda gubernamental recurrió a esta actividad para su sostenimiento diario, por eso defiende su labor y está en contra de los policías que abusan del poder que el gobierno les otorga. “Los policías son las prostitutas de los políticos”, dice. Estudió un semestre de comunicación social y periodismo en la Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium, pero no pudo continuar sus estudios debido a un inconveniente con el codeudor de su préstamo.

Edinson Herrera, de 31 años, canta música cristiana en el MIO con el deseo de servir a Dios a través del arte, manifiesta que al principio recibió críticas y rechazo por parte de algunos pasajeros, pero con el tiempo su música se convirtió en un medio de consuelo para las personas cuyos rostros reflejan estrés y depresión, con el dinero que gana sostiene a su familia  y está terminando su bachillerato.

Inclusive muchos jóvenes talentos cantantes de rap como el grupo Los Urbanos que se encuentran entre los 20 y 25 años quieren transmitir a través de su música un mensaje cómico y de conciencia en el MIO. La idea es la mejorar la forma de expresión, además no han recurrido a un empleo formal por la exigencia de experiencia y se han sentido discriminados por su apariencia y los prejuicios de algunas personas.

Los menores de edad también recurren a estas prácticas, tal como Alexis Cuero de 15 años que vende dulces. “Desde los 8 años ando en la calle, me gusta trabajar para ganar plata y ayudar a mi mamá. Los policías me caen mal porque siempre me amenazan con llevarme a Bienestar, pero yo siempre me les escapo”, afirma él.

Al igual que un empleo formal, este gremio trabaja mayormente en un horario de 7:00 a.m. a 8:30 p.m. y ganan un promedio de $30.000 a $40.000 diarios. Sin embargo, muchos de ellos viven solos y sostienen que este dinero apenas les alcanza para su comida, hospedaje y transporte.

Incluso tienen su punto de encuentro en la estación de Petecuy donde disfrutan de su almuerzo, algunos lo llevan empacado y otros compran arroz mixto con gaseosa de $3.000, en uno de los puestos ambulantes de comida, también descansan un poco, cargan sus parlantes y conviven como una familia.

Las estaciones del MIO con mayor frecuencia de vendedores son: Unidad Deportiva, Andrés Sanín, Villacolombia, Petecuy, San Bosco y la estación de policía Fray Damián.

Nos enteramos que esta comunidad sufre por el rechazo de la sociedad e intentan limpiar su imagen enfrentando a los delincuentes que pretenden realizar su misma labor para acercarse a los pasajeros y atracarlos o atacarlos violentamente, uniéndose para retirarlos del transporte, según lo que ellos nos expresaron.

Incluso presenciamos un acto de vandalismo por parte de 5 niños entre 8 y 12 años que intentaron hurtar las pertenencias de uno de los usuarios y se enfrentaron a los auxiliares de policía y a pesar de que algunas personas mayores afirmaban que ellos eran parte de los vendedores informales que a diario transitan ilegalmente en el masivo, al preguntarles directamente a ellos si practicaban ventas dijeron que no.

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