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Crónica

El cáncer una enfermedad silenciosa

BLANCA OTERO ENTRE EL DOLOR Y LA ESPERANZA

El sol resplandece sobre el rostro de Blanca, la luz de esperanza brilla en sus ojos mientras sus pasos se acercan a una fuente de aguas cristalinas, de su bolsillo saca una moneda, la lanza al aire mientras susurra una plegaria en la que implora ser sanada.

A paso lento se dirige al ascensor que la llevará a la sala de Oncología de la clínica Valle del Lili, el cansancio en su rostro refleja las marcas de una enfermedad silenciosa que ha atacado el 60% de su cuerpo, un cáncer que nunca pensó tener, aunque esta fue la causante de la muerte de muchos de sus seres queridos, entre ellos alguien a quien Blanca recuerda con mucha nostalgia, su hermana Elizabeth.

A las 8:00 a.m entra en la sala y uno de los enfermeros le dice que por favor se dirija hacia la pesa, su cuerpo liviano y algo demacrado revela las huellas de una lucha incesante contra una  enfermedad a la que espera ganarle la batalla. Los números confirman lo que a simple vista se ve, en tres meses el cáncer no solo le ha quitado su cabello y pestañas, también 15 kilos.

Camina y mira hacia todas partes en busca de una silla cómoda, sin embargo, esta vez la suerte no estuvo de su lado, la sala está abarrotada, bebes, niños; jóvenes y adultos mayores a la espera de un tratamiento que pueda prolongar su vida.

Ella hace parte de la alarmante  cifra de casos de cáncer que son detectados anualmente en Colombia, alrededor de 8.600 personas padecen esta enfermedad, en el Valle del Cauca se registran al menos 3.014 casos  nuevos de los cuales 258 son mujeres como Blanca. Quien hoy recibe el tratamiento de quimioterapia.

El olor a cloro combinado con los medicamentos es penetrante, ella cubre su rostro con una bufanda rosa que saca de una tula beige, donde guarda la comida,  dos sacos y una licra por si el frío del aire acondicionado aumenta. 20170301_123243

Al fin llega a una silla, un poco vieja y no tan cómoda. Organiza sus pertenencias, saca un tarro de agua y un libro para no aburrirse en la tediosa  espera  de cinco horas.

La enfermera se acerca y retira las gasas que sostienen el catéter, tira fuertemente de ellas, Blanca aprieta los labios y frunce el ceño mientras sale un poco de sangre, sus ojos reflejan el dolor que le produce. Antes de retirarse toma una jeringa que introduce en un tubo del cual sale un líquido transparente que permite el paso hacia una sonda que se conecta con su cuerpo. Empieza para ella otra jornada de dolor y esperanza.

Trece minutos después regresa la enfermera con cinco bolsas pequeñas del tamaño de la mano de un niño de diez años, las coloca en un tubo metálico, mientras le explica los medicamentos que le está aplicando, escribe en un tablero gris el tiempo estipulado que pasará  por la sonda.

A las 11:00 a.m se acerca nuevamente trayendo en sus manos una bolsa grande que contiene el medicamento de quimioterapia de 17oz. El cuerpo de Blanca ya se ve un poco agotado, la palidez en su rostro y sus pies hinchados evidencian la agonía. Cada minuto que transcurre es para ella como si fueran mil horas.

Su cuerpo comienza a temblar mientras el aire acondicionado aumenta, cada ocho segundos cae por la sonda una gota transparente acompañada de un bip bip, que es el único sonido que se escucha en esa sala de paredes blancas pálidas tristes, frías y solitarias.

 

20170301_091503Al lado de ella se encuentra Juan Camilo, quien lleva dos de sus escasos  12 años,  combatiendo contra la leucemia. Una de las  enfermeras se acerca y le dice que ya falta poco para terminar,  le aplica una inyección, el niño grita del dolor mientras por sus ojos corren lágrimas.

Subiendo su pulgar en alto, Juan Camilo se despide de dos niños que están a punto de ingresar a la sala,  en señal de que todo estará bien, abraza a otros dos  más pequeños que él, sonriendo y  haciéndoles sentir que están juntos en esto.

Son la 1:00 p.m y el bip de la máquina aumenta indicando que ya finalizó el tratamiento, ya han pasado cinco horas. Blanca se emociona porque ha concluido su pesado día, se levanta mareada y con muchas náuseas por los efectos del tratamiento. Camina pausadamente dirigiéndose hacia la salida, algo llama su atención, se detiene frente a una cartelera que resalta por sus colores vivos en las paredes blancas de la sala, lee uno de los mensajes plasmados en aquella cartelera en voz alta ” Soy una sobreviviente con esta experiencia de vida doy valor a lo que tiene importancia, la familia,el amor, la naturaleza. Vivo cada día como si fuera el último. ¡Ánimo si se puede!” Sus ojos muestran un destello de esperanza, el mismo brillo que salió cuando susurró la plegaria.

 

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