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Nación

Educación en tiempos de pandemia

Hasta febrero del 2020 era poco lo que se sabía del Covid-19, más conocido como coronavirus, nombre dado por las extensiones que lleva encima de su núcleo que se asemejan a la corona solar. En el segundo mes del presente año la Organización Mundial de la Salud (OMS), presentó oficialmente el nombre que ahora todos conocemos, Covid-19, dando importancia al número 19 porque desde el 2019 se tiene evidencia de la presencia del virus, aunque fue en 2020 cuando se extendió por todo el mundo, convirtiéndose en pandemia.

 El 6 de marzo del 2020 se presentó el primer caso de contagio en Colombia, el cual se conoció por una publicación vía Twitter de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien informó que el virus fue detectado en una joven de 19 años, estudiante de Milán que había regresado a Bogotá el 26 de febrero.  El 25 de abril del 2020 el Gobierno de la república expidió el Decreto 593, por el cual se dispuso el Aislamiento Preventivo Obligatorio desde el 27 de abril hasta el 11 de mayo en el territorio nacional, periodo durante el cual los casos aumentaron, lo que ocasionó que el presidente ampliara el periodo de confinamiento. La última medida se dio mediante el decreto 749 del 28 de mayo, y ordenó el aislamiento social del primero de junio al primero de julio.

Entonces, por mandato presidencial, empresas, colegios, universidades, restaurantes, centros comerciales y almacenes que funcionaban en la presencialidad y no eran indispensables para combatir el Covid-19 o para la subsistencia, tuvieron que cerrar. Trabajadores, empresarios, estudiantes y profesores, quedaron en la incertidumbre, aunque con la apertura de los centros comerciales y la futura apertura con semi presencialidad de colegios y universidades, se espera que se pueda recuperar algo de esa normalidad que se perdió cuando por el número de contagios, el mundo debió parar.

Al inicio de la crisis, más de 300 millones de estudiantes se quedaron sin clases, según datos aportados por la Unesco, estudiantes que poco a poco fueron retomando sus estudios desde sus hogares, gracias a la internet. Pero no fue tan sencillo, luego de varias reuniones y un breve periodo de receso, muchas instituciones educativas, cuyos docentes claramente no estaban preparados para enseñar fuera de lo presencial, dieron entonces comienzo a las clases a distancia, en un caso sin precedentemente en pleno siglo 21.

Con diferentes charlas por parte de expertos en el tema de la educación virtual, se pretendió educar a los docentes para que tuvieran un mínimo entrenamiento de cómo dictar sus clases, algunas de estas charlas brindadas en campañas del Gobierno por televisión, programas nacionales, redes sociales y plataformas digitales como YouTube, esto sin contar con las inducciones que cada una de las instituciones debió haber ofrecido. Pero además del conocimiento, los recursos económicos también son necesarios para el estudio virtual, así que, muchos estudiantes y profesores tuvieron que afrontar un valor económico a la hora de retomar los estudios.

El costo de la educación virtual

“Imagínese, nosotros los profesores, con una pedagogía orientada a dar clases presenciales, y aún más yo que soy profesor de educación física, no estábamos preparados para dar clases virtuales, afortunadamente yo disponía de dos dispositivos en casa, mi celular y mi computador, además de la internet”, dijo Andrés Prado profesor de educación física de una institución educativa en el barrio comuneros de Cali,

“El colegio no se interesó en lo absoluto por la falta de algún elemento necesario para enseñar por internet, den clases como puedan, nos dijeron. Concluyó el docente.

Para dictar y recibir clases de forma virtual se necesita un computador con los componentes básicos, con conexión a internet y energía eléctrica, o un móvil con los datos suficientes, ventajas con las cuales no cuentan todos los colombianos

Según Esteban Gil, tecnólogo en sistemas de la Universidad del Valle, “inicialmente, para transmitir por internet se necesita de una Web-Cam (cámara web) y un micrófono, los computadores portátiles ya suelen tener estos dos periféricos, además de una conexión a la red de al menos 5 megas. Una PC nueva, tanto de escritorio como portátil, puede encontrarse a partir de los 800.000 pesos dependiendo donde se compre, con componentes que soporten Windows 10 (el último sistema operativo), que es fluido a la hora de darle un uso académico. Pero realmente el costo de una computadora buena para trabajar depende del alza del dólar, hasta marzo de este año podía estar costando el millón de pesos”

 En plataformas online como Mercado Libre una computadora genérica (sin marca conocida), de escritorio, que en su descripción la definen como ideal para juegos, café internet y oficinas, tiene un valor de 575.000 pesos e incluye torre, teclado, ratón óptico y monitor. “Este valor es inferior a la media del mercado quizás porque los componentes son muy ajustados y no garantizan un funcionamiento fluido en ciertos aspectos” dijo el experto en sistemas.

 El computador portátil más económico que se encuentra en el mercado, tiene un costo de 1.059.000 pesos, y lo venden en un conocido almacén de electrodomésticos de la ciudad.

En móviles con capacidad para transmitir audio y video en línea se encuentran a precios que van desde los 500.000 en adelante, en servicios de venta de móviles que funcionan en línea a nivel nacional. Y los planes de datos para móviles más económicos, con 150 minutos a todo operador por 30 días, se encuentran en promedio a 25.000 pesos con 1.5GB de datos tecnología 4g lte (la red para móviles más rápida actualmente justo antes de la red 5g).

Un docente o un estudiante que en la actualidad no tenga ninguna de estas herramientas, inicialmente puede estar gastándose $1.500.0000 pesos solo adquiriendo una computadora y un teléfono móvil que les permita trabajar en casa. En planes mensuales pueden estar gastándose $75.000 pesos, con planes sencillos para celular de 25.0000 pesos y planes de internet para hogar de 50.000 pesos, precios que varían según el estrato, el plan y la compañía u operadora contratada.

El confinamiento puso de nuevo en el tapete el tema de las precarias condiciones de vida de muchos estudiantes, tanto de universidades como de colegios, para quienes es imposible tener acceso a la virtualidad. Y también está el caso de muchos que, aunque tienen tanto el computador como la conexión, se ven obligados a compartir sus dispositivos con otros miembros de la familia.  “Yo le tuve que pedir el favor a la profesora de una materia que me permitiera ver la clase con otro grupo, porque a esa misma hora mi hermana tiene clase y eso ha sido un lío. También ha sido difícil organizar el tema de los trabajos que hay que hacer y entregar”, afirma Valentina Aguado, estudiante de Comunicación Social de Unicatólica.

Otra problemática la plantea el profesor Richard Grajales, quien da clase de matemáticas en una institución educativa de la ciudad. “Solía entrar a las seis y media de la mañana, hasta las tres de la tarde, ahora mi horario es de ocho de la mañana hasta la noche, esto porque además de dar clases virtuales en la mañana, hay arandelas como subir trabajos, calificar, descargar cada trabajo para dar informe a la institución y eso sumándole que a muchos padres aun a la fecha tienen dificultades a la hora de ayudar a sus hijos a resolver los trabajos virtuales”.

“Me he sentido estresado y desesperado”, dice que es difícil en cuanto a la logística ponerse de acuerdo con tanta variedad de aplicaciones, eso sumado al desconocimiento para hacer uso de plataformas como Youtube, aplicaciones de videoconferencias y blogs a la hora de desarrollar actividades de aprendizaje.

Por eso para él, otro costo de las clases virtuales es el tiempo de trabajo que ha aumentado, lo que significa que realmente no hay una preparación para la virtualidad.

Dentro de lo positivo, dice que “hemos podido aprender a emplear la conectividad, aprender a reinventarnos, nos hemos vuelto más creativos y siento que esta situación nos ha humanizado, pues las distancias han hecho que valoremos más la presencia del otro”.

“Lo negativo está en que evaluar los aprendizajes mediante exámenes y talleres, es muy difícil, pues hay unas limitaciones a la hora de hacerlo a través de una pantalla en donde escasamente se puede hacer un seguimiento en cada estudiante” concluye matemático.

Sebastián Sinisterra, quien cursa segundo semestre de Comunicación Social en la Universidad del Valle plantea su preocupación, “la verdad es que no siento que estoy aprendiendo, las dinámicas no son iguales a la presencialidad, los profesores no hacen más que enviar talleres y siento que las videoconferencias son una pérdida de tiempo, de seguir con la cuarentena, lo más probable es que el próximo semestre no me matricule”

Como es conocido la ministra de Educación María Victoria Angulo y el presidente Iván Duque informaron que, en el mes de agosto, tanto universidades como colegios públicos y privados, entrarán en la modalidad semi presencial, acordes al modelo de alternancia, dispuesto por el Gobierno. Frente este anunció, el secretario de Educación de Cali, William Rodríguez Sánchez, dijo que ya varias instituciones educativas están haciendo las adecuaciones respectivas para el cumplimiento protocolos de bioseguridad, tales como la desinfección de las estructuras, la disposición de espacios para el cumplimiento del distanciamiento social, la adquisición de productos de aseo para disponibilidad permanente de estudiantes profesores y directivos.

La comunidad educativa está a la espera de esta nueva etapa, que significara nuevos desafíos en época de pandemia.

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