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Crónica

Deportistas alternativos, sin espacio en Chiminangos

El sol se pone y la temperatura empieza a descender. Camilo Durán se coloca sus zapatos maltratados por el roce de su bicicleta y sale de su casa en el barrio Chiminangos para practicar BMX, su deporte favorito. Mira hacia todos los lados como buscando un lugar adecuado para practicar. Hace una mueca de mal gusto y sale a rodar por los alrededores con el fin de hallar un sitio medianamente liso para efectuar sus trucos.

El barrio Chiminangos, ubicado en el norte de Cali, cuenta con cuatro canchas de fútbol, dos canchas de basquetbol en mal estado y no posee ningún lugar adaptado para practicar deportes no convencionales como Skateboarding, BMX, entre otros.

Pedaleo a pedaleo, va esquivando los huecos y los automóviles que sin cuidado transitan por las vías, poniendo en peligro la integridad de cualquier ciclista. La cadencia de 15 minutos llega a su fin.

Durán llega a uno de los spots (término utilizado por los deportistas para referirse a lugares para practicar) más cercanos al que llaman ‘Piso Blanco’, ubicado en el barrio Los Almendros, que tiene una cancha de basquetbol de 15 por 28 metros con un piso de baldosas. Y empieza a realizar sus maromas de nombres impronunciables, cuidando de no lastimar a sus compañeros que también se encuentran entrenando en el reducido espacio.

En colaboración con algunos compañeros han conseguido implementos móviles como una rampa de salto pequeña, una baranda con ángulos y un cajón de 2 metros para realizar trucos en el lugar.

“Parce, tenemos que tirarnos para el Coliseo del Pueblo en estos días”, le expresó un compañero.

Pero él se quedó pensativo. Quizás porque ese lugar quedaba demasiado lejos y llegar allí le tomaría casi una hora, además, el transporte público no le permite el ingreso de su bicicleta, y regresar le tomaría aún más tiempo ya que al momento de volver su cuerpo estaría cansado. Con una sonrisa un poco fingida le responde: “Hágale parce, cuando quiera cuadramos para ir”.

Si Chiminangos tuviera un pequeño lugar con una rampa a la que ellos llaman “U” como en el barrio Colseguros o Aranjuez, les evitaría tener que desplazarse largas distancias en su búsqueda. Es lo que expresan varios amigos del deportista.

“Es que las nuevas tendencias de deportes alternativos apenas están creciendo en la ciudad de Cali, por ende, es muy difícil encontrar sitios para la práctica de estos deportes”, replicó el ciclista de Chiminangos.

El Coliseo del Pueblo es uno de los pilares para el deporte en Cali, cuenta con alrededor de 15 espacios para diferentes disciplinas, el Skatepark es uno de ellos, es el sitio adaptado para deportes no convencionales más grande de la ciudad.

Pasado un rato, Durán seguía practicando, su ropa estaba completamente empapada de sudor y mugre por las múltiples caídas que se presentan al hacer estos deportes, caídas que podrían ocasionar heridas graves (como fracturas y laceraciones) de no practicarse en un lugar adecuado con un piso liso. Pero a pesar del maltrato, seguía montando bicicleta, expresando felicidad en su rostro.

Según el estudiante de sicología Alberto Solís, “ignorar las lesiones se debe a que la interacción con los deportes de este tipo genera una sensación de gratitud consigo mismo por estar realizando una actividad que le gusta y esto los motiva a querer hacer hazañas más finas, sin importar el dolor físico que les pueda ocasionar”.

Son las siete de la noche y el ya experimentado deportista toma su primer descanso, mientras ve entrenar a las personas que van llegando, entre ellos Andrés García Escobar, un profesor asignado por la Alcaldía de Cali para motivar a los más jóvenes en la disciplina del BMX.

El hecho de que el Gobierno Municipal esté asignando profesores en varios barrios de la ciudad para disciplinas diferentes, demuestra que tiene gran interés de atraer a la juventud para que practique las nuevas tendencias de deportes extremos.

Estos profesores dan clases sin costo alguno, y cualquier persona que se anime a practicar es bienvenido, el único requisito es que cuente con su propio instrumento, llámese cicla, skate o patines.

Los jóvenes practican ante los desagradables gestos de las personas que hacen diferentes actividades en el parque, que, sin conocerlos, hacen prejuicios y los tildan de vagos y consumidores de drogas. “Está bien que practiquen deporte, pero hay veces en los que se siente un olor a marihuana muy fuerte y en el parque hay niños”, manifestó Lizet Muños, una habitante de la zona.

“Obviamente siempre va a existir un prejuicio de la gente, ya que lastimosamente algunos sí consumen, pero esto no quiere decir que todos lo hagan. Muchos de los deportistas solo están interesados en ejercitarse y mejorar sus técnicas y maniobras, ignorando por completo el vicio”, afirmó Andrés García Escobar, profesor de BMX.

La clase termina y los jóvenes siguen practicando. Durán se anima a continuar y reta a uno de sus compañeros a un juego de skate; consiste en que una persona hace un truco y la otra intenta hacer lo mismo, quien falla se gana una letra y se termina el juego cuando alguno forma la palabra skate, el ganador será el que menos letras tenga.

Truco tras truco empiezan a ganar letras hasta llegar a un empate, si Durán no logra el siguiente perderá. Toma impulso, salta y hace algo a lo que ellos llaman 360 (dar una vuelta completa de manera horizontal), al aterrizar se golpea con otro ciclista y caen al suelo, la mirada de muchos es de incertidumbre, pero no hay pleito y todo se soluciona con un “todo bien parce, hágale que no pasa nada”. Pero pierde el juego.

Se empieza a hacer tarde y ya casi no quedan personas en el parque. Por la calle ya casi no pasan autos y los ciclistas poco a poco se empiezan a retirar a sus hogares. “Parce, vámonos que ya está tarde y no quiero que me roben”, expresa Camilo Durán. Es que una cicla de BMX puede rondar entre los $700 000 y $2 millones. Solo hasta el mes de mayo pasado se reportaron 130 bicicletas robadas en Cali, según datos sin actualizar de la Policía.

Son las 12:00 de la noche, Camilo Durán llega cansado a su casa, en su mirada derrengada, se ve la esperanza de que algún día su barrio cuente con un lugar en el que pueda realizar su deporte, sin preocuparse por la lejanía o el peligro de tener que recorrer las calles, esquivando autos y huecos, o que algún amigo de lo ajeno se quiera hacer el día con su instrumento más preciado, su bicicleta.

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