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Crónica

Crónica musical de un día en el Petronio Álvarez

Crónica-Petronio

Son las 05:00 de la tarde, la brisa proveniente de los Farallones empieza a bañar la ciudadela Petronio Álvarez, donde el sonido de la marimba combinado con el currulao y uno que otro alabao se convierten la banda sonora de un festival que expone lo mejor de una cultura que muchas veces es ignorada.

Llegar en el MIO es lo más recomendable, eso sí al descender de la estación Unidad Deportiva hasta la entrada de la Unidad Deportiva Alberto Galindo, el camino se convierte en un abrebocas de lo que usted encontrará dentro en los más de 35 mil metros cuadrados según la Secretaría de Cultura.

Antes de ingresar se realizan los controles de rutina a cargo de la Policía Nacional quienes gentilmente le solicitarán abrir su maletín. Una vez supere los trámites de rigor será recibido por un grupo de Gestores de Paz y Cultura Ciudadana quienes al ritmo de su tambores movilizan a los asistentes con mensajes a favor del reciclaje.

En ese momento usted podrá escoger las actividades de su interés. Sí se ubica en la entrada principal a su izquierda estará el pabellón de emprendedores, aquí los artesanos provenientes de diversos pueblos de la geografía pacífica le cautivarán con sus cuadros, esculturas y demás expresiones artísticas.

Una de las innovaciones que el Petronio trajo para este año es un desfile de modas donde la diversidad es la protagonista. Si la moda le llama la atención, manténgase atento a la programación con las diversas actividades dentro de la ciudadela que tienen por objetivo exaltar la exuberancia propia del pacífico.

Completar este recorrido se hace en forma de “U”, una vez salga podrá dirigirse al Quilombo Pedagógico Germán Patiño Ossa donde la experiencia del festival se transforma en un momento ideal para compartir en familia. En este espacio podrá aprender sobre las tradiciones, comidas y bebidas que hacen parte del patrimonio.

Durante las mañanas usted podrá asistir a una agenda académica que tratará temas como la cocina y la migración en la región, los aportes realizados por el pacífico a Colombia y muchos temas más.

Antes de ingresar a la zona de conciertos es recomendable visitar el pabellón de comidas donde el aroma del pescado frito se entremezcla con el encocado. Una experiencia única para estimular al paladar con las diversas opciones presentes. Los precios varían entre los $ 4.500 y los $60.000 pesos.

Al caer la noche, el área de conciertos abre su telón. El concurso musical se adueña de la atención de todos los presentes. El baile y la euforia contagian a todos los que se unen saltando al ritmo de los cantos.

Este año festival estrena un nuevo sistema de sonido, el cual permite una mejor experiencia para el disfrute dentro del recinto además de cumplir las órdenes judiciales donde se exigen medidas para evitar molestias a las personas que residen en cercanías a la Unidad Deportiva.

La alegría se contagia al ver cómo la ciudadanía se apropia de una cultura que por muchos años estuvo olvidada. Sin duda alguna el parche por estos días en Cali es ir a petroniar.

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