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Opinión

Covid-19 una amenaza que acecha

El mundo cambió y todas las comunidades en diferentes latitudes sintieron un llamado a la reflexión sobre principios básicos de responsabilidad, educación, espiritualidad e importancia de los valores propios del ser humano. Tenemos a disposición una inmensa riqueza natural, humana y de capital para disfrutarlas en concordancia con su conservación, el respeto y la equidad con la obligación de mantener el equilibrio que al final impone el universo; pero dimos paso a nuestros propios intereses basado en el egoísmo sín límites para promover su destrucción.

Al equivocar el camino, olvidando la misión que tenemos, destruimos los recursos naturales, explotando ríos, selvas y bosques, contaminando fuentes hídricas del planeta, la tierra, la atmósfera hasta elevar la temperatura inapropiadamente provocando el calentamiento global lo cual podría generar en un futuro próximo una nueva guerra; la del agua. Sín reparo perseguimos especies de fauna y flora hasta su extinsión y más recientemente incursionamos en la cadena alimenticia de la vida silvestre alterando su comportamiento y forzando a que ciclos biológicos de algunos microorganismos propios del reino animal, afectaran la especie humana.  No hay duda que estamos en la destrucción del hombre por el hombre en un mundo ciego por el egoísmo y fundamentado en el materialismo en su afán por acumular riquezas inútiles frente al riesgo de morir.

La naturaleza nos habla a través de un microorganismo del cual sabemos muy poco porque todos los días tenemos nueva información relacionada con experiencias foráneas, y solo nos resta esperar a tener su hoja de vida en el mundo occidental lo cual puede tardar varios meses. Sabemos que entre menos estemos relacionados con el exterior minimizamos el riesgo de contagio, sabemos que lavarnos las manos frecuentemente con jabón, taparnos la boca para toser, “reglas de oro de nuestros ancestros”, puede ayudarnos, sabemos que dependiemdo de lo que hemos hecho con nuestras vidas podemos combatir la enfermedad con más o menos éxito.

Pero también sabemos que la muerte probocada por el virus se pasea en la población sin importar la edad. Hoy nos familiarizamos con nuevos términos como curvas y estadísticas de contagio, contención, aplanamiento, entre otros; solo para darle identidad a un enemigo con información desactualizada de hace 8-15 días acechando cada segundo.  Este virus cuenta con la publicidad de los medios la cual es direccionada por intereses políticos a un público confundido, incrédulo e indisciplinado.

Medidas surgen algunas oportunas y otras tardías, pero sigue primando la naturaleza humana reflejada en decisiones de acaparar, aprovechar, robar y agredir para enfrentarnos a un enemigo en común que nos igualó en términos de estrato económico, religión, política, raza etc.  Hoy agredimos y rechazamos a trabajadores del área de la salud olvidando que pueden ayudarnos en un eventual traslado a una clínica o manejo en casa.

Hoy cambiamos la historia del médico que no atendio un paciente que murio en urgencias y luego supo que era su propio hijo, por la historia de un paciente que rechazó a las únicas personas que se juegan la vida por salvarlo en una clínica. Sería mejor rechazar a las personas que salen sin tapabocas o con él en el cuello, que niegan su enfermedad, o a personas que sín justificación deambulan por las ciudades, o los que creen que estamos en vacaciones remuneradas y esperan que con el levantamiento de la cuarentena el virus desaparecerá.

Solo nos queda reaccionar ante esta crónica de una muerte anunciada en profesías, en estudios científicos etc; porque el enemigo vino a quedarse, a decirnos lo frágil que somos, a vacunarnos a todos y a mutar cuando estemos próximos a una vacuna para esta y otras pandemias por venir. El mundo cambió aceptémonoslo o no, y nos habla como microorganismo que probablemente nos va a obligar a certificar vacunas para ingresar a una clínica, para las nuevas generaciones, para poder viajar y aún para poder concursar a nuevos trabajos. Seguramente las vacaciones del futuro deben tener un tiempo adicional para pasar la cuarentena en el sitio a donde viajemos al igual que para el lugar de origen.

Posiblemente contaremos con nuevas prendas de vestir para el resto de nuestras vidas como tapabocas y trajes similares a los espaciales para determinados sitios. Estudios científicos indicarán si el virus será transmitido de generación en generación. Antes de la pandemia el celular limitó la comunicación al interior de las familias, hoy esto pude cambiar si modificamos nuestra actitud al acercar los componentes del nucleo familiar.

Si esta experiencia nos motiva a un cambio es posible ser más espirituales independientemente si creemos en Dios o le creemos a DIOS porque hoy nada de nuestro mundo material tiene significado.  Tal vez dejemos de ser practicantes flexibles según nos convenga y pasemos a otro nivel prácticando las enseñanzas vigentes que por siglos esperan sean descubiertas y usadas. Hoy la pandemia equilibró el tener con el ser y la naturaleza le da ejemplo al ser humano mostrando menos niveles de contaminación, liberando especies de la persecución indiscriminada reverdeciendo los campos, y regalándonos mares más frescos y azules. Ojalá podamos volver a sentir el llamado de la naturaleza, a disfrutar de su riqueza sin hacerle daño y finalmente y bien importante “podamos ser mejores seres humanos”.  Esta es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra fragilidad ante la naturaleza y las leyes de un ser supremo.

Un pesimista es un optimista bien informado, por eso creo que debemos jugar este rol antes de ignorar los mensajes que este nuevo mundo nos esta dejando.

 

 

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