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Reportaje

Comerciantes de Valle Grande ansían recuperar su vocación

“Estuve pagando arriendo los dos meses que cerré el negocio, no estaba trabajando. Tuve que abrir casi obligatoriamente porque ya no aguantaba más”. 

El comerciante Wilson Castro, de 44 años, jamás pensó que viviría la mayor crisis económica que haya enfrentado en los 2 años que lleva siendo propietario de la ‘Ferretería Valle Grande’.

 La emergencia sanitaria por covid-19 ha afectado la economía de todo el mundo y el Valle del Cauca está entre los perjudicados. Por consiguiente, Cali, y en especial sus zonas más pobladas.

 Este es el caso del barrio Valle Grande, situado en la comuna 21 en el oriente de Cali, del que en un diagnóstico la Alcaldía determinó que tenía 15 357 habitantes, de los cuales Realidad 360 estableció que 93 están reconocidos y establecidos como negociantes en su jurisdicción, cuyos establecimientos permanecían frecuentados antes de las medidas de aislamiento. Sin embargo, tuvieron que cerrar por más de 1 mes al inicio de la crisis.

“Nos tocó comenzar a trabajar con las citas que estaban acumuladas, ya que estábamos pagando arriendo y necesitábamos producir, este local siempre ha sido reconocido, entonces las reservas no faltaron”. Así lo afirmó Nando, trabajador de ‘Urban Tatto’. Este negocio cerró sus puertas durante 2 meses, pero no dejaron de prestar sus servicios, ese que llevan brindando desde hace 7 años.

“No hay negocio que aguante esto, usted misma puede observar que muchos negocios desaparecieron así”, sostuvo David Obando, tatuador de ese establecimiento. Dijo que fue muy difícil ver su local cerrado por tanto tiempo.

Entre tanto, cada semana, Wilson Castro está pendiente de las decisiones que toma la Gobernación del Valle del Cauca, para ver si puede abrir por más tiempo su ferretería y así poder seguir pagando las deudas que se generaron en los dos meses que tuvo que cerrar.

El trabajo desde la virtualidad: una opción para algunos 

Otro es el caso de quienes han hecho gala de oportunidades. “Tuve que sostenerme con las ventas virtuales durante un tiempo. Gracias a Dios ya tenía el sitio y la gente lo conocía”, explicó Jesenia Rodríguez Toro, dueña de “Picardias Valle Grande”, una sexshop bastante reconocida en el barrio. Ella aclaró que sus ventas no estuvieron del todo mal, pero no se comparan a las que generaba antes de la pandemia.

Para algunos comerciantes fue algo nuevo ofrecer sus servicios de una formar alterna a la presencial. Crearon las plataformas, trataron de reinventarse sacando las cosas buenas de la situación y ahora estudian el manejo de las redes para obtener mejores resultados. “Las cosas cambian y nosotros los comerciantes debemos cambiar con ellas”, declaró Juan David, propietario de ‘Impacto visual’. 

‘Impacto visual’ es un negocio dedicado a la fotografía que se abrió hace seis años y desde su apertura nunca se habían ofrecido servicios a domicilio, pero fue una alternativa que adoptó Juan David durante los dos meses que cerró y asegura que seguirá ofreciendo este servicio cuando todo pase.

 Reacciones de todo tipo se han dado por la pandemia. Elisa Rosero es la dueña de una tienda en Valle Grande hace 13 años, quien rápido acogió los protocolos de seguridad para poder seguir vendiendo. “Comencé a implementar lo que estaban recomendando: solo atiendo a personas con el tapabocas, limpio muy bien los productos, no dejo que los clientes se aglomeren y coloqué un plástico que me separa de las personas”, comentó.

Ahora, los comerciantes celebran la decisión de levantar la cuarentena y comenzar a reabrir sectores de la economía poco a poco. “El Gobierno se la pasa hablando de unos auxilios para nosotros, pero no he recibido ni una ayuda por parte del Gobierno. Necesito abrir mi puesto”, enfatizó Sandra Giraldo de 34 años, la dueña de un puesto de comidas rápidas situado en el Parque Los Gemelos.

Ese parque es uno de los más concurridos en todo el barrio, es utilizado por los comerciantes informales como puesto de trabajo. “Llegaba tanta gente que los carros no podían pasar y uno siempre tenía su buena clientela, los fines de semana eran los mejores… Ojalá Dios permita que todo vuelva a ser como antes y que el gobierno decida abrir todo”, contó Andrea Chaparro, una vendedora informal de la zona.

Aislamiento selectivo

Con la reapertura económica los clientes también deben tener en cuenta diferentes protocolos para poder disfrutar los servicios que ofrecen diversos establecimientos. “Las nuevas medidas tomadas por el Gobierno no me tranquilizan, la gente no se cuida, igual uno intenta implementar los cuidados para que todo resulte bien”, opinó Mary Luz Fernández, de 37 años, una habitante del barrio desde hace 18 años. Dice que en todo el tiempo que lleva viviendo aquí nunca había visto tan desocupada la zona comercial.

“Uno veía los locales llenos de gente, gente que no era de por acá. Llegaban a festejar aquí porque el ambiente siempre era muy rumbero. Llenaban los parques, los muchachos traían sus noviecitas y se pasaban parchados la noche de fin de semana. Espero volver a ver todo eso pronto”, sostuvo Ricardo Rivas, de 53 años, un vecino de la zona comercial.

Al igual que Rivas, tanto sus vecinos como los propietarios de los establecimientos añoran que el Valle Grande rumbero y repleto de gente que solían disfrutar vuelva a ser lo que era hace siete meses, antes de la pandemia.

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