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Cali

Calles de Cali, espacios formales de aprendizaje

La calle, escenario de delincuencia, maldad, peligro, vicios, robo, también puede ser un espacio ideal de paz, diversión, amor, solidaridad y unión en Cali.

Imaginarios negativos tiene la sociedad de la calle y es esto lo que algunos niños de la comuna 13, en el oriente de la ciudad, acompañados de la fundación Alfombra Mágica pretenden desmitificar.

Son casi 70 niños los que salen cada sábado a ocupar las diferentes calles de los barrios de la comuna 13 y han sido más de 300 los que han pasado por la fundación desde que, en 2008, dos jóvenes del barrio evidenciaron en su momento la carencia que tienen estos chicos de espacios de recreación y educación, por lo que vieron las vías como un lugar que se podía aprovechar.

A Isabella Shara Gutiérrez, de 13 años, le agrada el espacio en el que se desenvuelven las actividades. “Me gusta que sea la calle, porque jugamos libre”.

Asimismo, Juan David Cardoza, de 15 años, quien hasta hace dos hizo parte de la fundación, resalta la experiencia.

“Fue muy importante porque recuerdo que comenzamos en un salón y era muy difícil el espacio y hacer las reuniones, entonces lo más asequible era estar afuera y pues nosotros no conocemos la calle como un lugar de robo, un lugar de daño, no pensamos eso, sino la calle como un lugar de esparcimiento, como un lugar de amabilidad, de buenos valores”, advierte Cardoza.

Para muchos puede ser difícil imaginarse la calle, especialmente del distrito de Aguablanca, como un espacio de reproducción de aspectos positivos. Al respecto, la sicóloga Francia Elena Maya Orjuela enaltece la labor de la fundación.

“La obra que está realizando es muy interesante. Poder generarles a las personas nuevas posibilidades, nuevos espacios, encontrar que su mundo no es solamente el mundo que se piensan o que han venido construyendo, sino también que existen otras posibilidades, otras formas de considerar y de resignificar las cosas que nos rodean”.

De igual manera, plantea: “Si en medio de estas actividades que se realizan se está procurando la potenciación de ese ser humano, de sus virtudes, valores, talentos, pues definitivamente es una gran bendición, para una nueva construcción social, una nueva construcción del ser humano, una posibilidad para jóvenes, incluso para adultos que estén involucrados, de crecer, de fortalecerse, darse cuenta de los talentos, potencialidades y oportunidades que tienen”

Diana Carolina, una niña de 8 años, que desde los 4 participa en las actividades de la fundación, resalta que le gusta asistir porque “es divertido, hay que participar, nos hacen jugar, me enseñan a hacer cosas, nos ponen preguntas, actividades, me gusta mucho las danzas y los juegos”.

Algunos padres elogian la labor de la fundación. “Que perdure, que continúe, que haya muchas más actividades, me imagino que es todo lo que uno pide para que los niños salgan adelante, porque esa es la idea, luchar por los niños, para que no cojan un camino diferente, porque a medida que ellos van creciendo, van buscando como otra salida, otras cosas diferentes, porque no ven actividades que verdaderamente los saque adelante”.

Quien así se manifiesta es Luz Aida Gutiérrez, madre de dos niñas de la fundación que congrega a la familia.

Como se recordará, los 40 barrios que conforman el distrito de Aguablanca se formaron sin una adecuada organización urbanística, sin parques, zonas verdes y espacios de recreación.

Esto es porque se conformó por invasiones de inmigrantes que empezaron a llegar de otras partes del país en la década del 70, por la ola de violencia que se vivía en las zonas rurales a manos de los grupos armados al margen de la ley y también por los desastres naturales como el del maremoto de 1979 que afectó al Pacífico colombiano.

Rosa Huertas, una de las fundadoras de Alfombra Mágica, estudiante de Lenguas Extranjeras en la Universidad del Valle menciona: “Lo que queremos es arrebatarle a la violencia esas posibilidades de vida, como que esos niños digan, ¡ve, mira, aquí en la calle también tenemos la oportunidad de aprender!”.

Por esta razón, esta iniciativa, que se gestó en 2008 en el corazón del distrito, el mismo que hoy rebasa el millón de habitantes, está tratando de coger más fuerza, pues el objetivo principal es brindarles a los niños capacidades desde sus saberes y habilidades para que sean sujetos sociales, capaces de cambiar los estereotipos de vida.

Las actividades que realiza la fundación no solo tienen como meta que los niños jueguen, se diviertan y vean la calle como un espacio distinto, con opciones de vida diferentes a las de la violencia o delincuencia, sino que de igual manera les alimenta el amor por la educación y despierta la necesidad de salir de los estándares generales de los habitantes de ese territorio.

Rosa Huertas menciona: “En este momento más o menos el 80 % de los niños que asisten a las actividades los sábados están vinculados a la educación pública, digamos que un 19 % a la educación privada y un 1 % que de pronto en este momento no estén en esa etapa escolar. Ellos son muy conscientes de la vinculación, de que el estudio continúe y más que es como la proyección a futuro, querer pertenecer a una universidad más adelante, requiere ese estudio formal, para que logren sus sueños”.

Brian Steven Ortega Mesa, de 14 años, menciona que hacer parte de la fundación le generó cimientos, amor por el estudio y por las cosas que hoy en día realiza. “Me fundamento más en la parte de la lectura porque a mí antes no me gustaba, pero en el taller que hubo de la saga de Mario Mendoza me abrió mucho ese espacio e interés con esos libros, porque fueron muy interesantes”

Esta saga de 5 libros fueron obsequiados por la fundación a los niños que asistieron puntualmente a los talleres de lectura que ofreció la organización, y conocer al escritor fue la mejor parte de las actividades, menciona Brian Steven Ortega.

A edad tan temprana, este joven ya ingresó a una institución universitaria. Su colegio tiene convenio con la Universidad Autónoma de Nariño, pues les brinda la oportunidad de acceder a la educación superior antes de terminar sus estudios secundarios, en estos momentos está cursando la carrera técnica profesional de Procesos Administrativos.

La labor de la fundación ha sido premiada en diferentes ocasiones, en 2012 obtuvo su primer reconocimiento, el premio cívico Por una ciudad mejor, un programa nacional que busca reconocer, impulsar y ampliar el impacto de iniciativas sociales innovadoras, construidas de forma colectiva y participativa que trabajan por resolver problemas de sus ciudades, generando valor público de forma sostenible y replicable.

El premio se fijó en esta fundación porque es una organización comunitaria que planteó una iniciativa social novedosa que, con la participación de la comunidad, ha contribuido a mejorar las condiciones de vida, en este caso, de los niños de la comuna 13 de Cali.

Un segundo reconocimiento le fue otorgado en 2014 por la Fundación El Nogal, la cual premia ideas y proyectos de jóvenes colombianos que contribuyan a la construcción de una sociedad justa, equitativa y reconciliadora.

El objetivo principal de El Nogal es “recibir experiencias que ya estén siendo implementadas y tengan una antigüedad de máximo cinco años en el momento de la postulación, que representen la continuidad de proyectos y experiencias que ya han tenido éxito y resultados comprobados en términos de reconciliación y convivencia”.

El más reciente mérito se lo granjeó el año pasado de parte de Recon Colombia, concurso que evaluó un total de 431 propuestas a nivel nacional. Recon es promovido por la , Federación Nacional de Personeros, Fenalper, y las personerías municipales de Colombia.

La fundación fue premiada en la categoría de prácticas culturales y artísticas. Tuvo como objetivo “galardonar a los mejores proyectos ciudadanos en torno a la promoción de escenarios de paz y reconciliación”.

Acerca de estos reconocimientos, Huertas sostiene: “Algunos fueron de remuneración económica, entre $2.000.000 y $5.000.000 el que más nos hemos ganado, con eso es que compramos materiales para los niños, compramos proyector,  equipo, colores, tenemos las mesas, balones, colchonetas, sillas, computador, y para hacer la parte de la radio, tenemos el equipo básico”.

El grupo base de la fundación son 8 personas, pero los sábados -en cada actividad- cuentan con el apoyo de la comunidad, que se presta con disposición a ayudar en lo que sea pertinente.

Felipe Argote, un habitante de una de las cuadras que generalmente son cerradas, señala: “Sí he tenido la oportunidad de colaborarles, en la seguridad, más que todo, de la calle, que si les podemos prestar unas cosas didácticas, un cuaderno un lápiz, cualquier cosa”.

Similar testimonio de apoyo ofrece Luz Aida Gutiérrez, una madre de familia que colabora con las actividades.

“Cuando se trata de hacer refrigerios, comidas, nos metemos en el cuento para atender a los niños, a veces les hacemos comida en la calle a todo el que llega con su platico, se le da su comida y se va bien contento. Las actividades que se realizan son para recolectar fondos, como tamales, arroz con leche, sancocho, paseos y los niños los disfrutan mucho”.

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